viernes, 4 de septiembre de 2015

Adiós a Yamita


Ayer, Yamita hubiera cumplido 4 años. El jueves de la semana pasada, después de un mes de pelear contra una insuficiencia renal, murió en mis brazos. Ha sido tristísimo para mí. Nunca hubo una gatita más mimada, querida, observada, fotografiada. Yo la contemplaba todo lo que me era posible y hacía todo por que ella estuviera atendida, cómoda, feliz; ella me correspondía con un lenguaje perfectamente nítido y legible, siempre con inteligencia y dulzura. Tengo infinitos apuntes sobre sus singularidades, entre otras su pasión por el agua en cualquiera de sus formas, desde la lluvia, por fuerte que arreciara, y en la que le gustaba pasar largas horas apenas protegida bajo una mesa, hasta los cubos de hielo, que pedía todos los días y luego lamía largamente (cualquier cosa que tuviera algo de la humedad con que ahora la lloro). La palabra “mascota” me resulta ofensiva: Yamita era mi pequeña compañera. Y mucho más: ella era la Naturaleza, con toda su belleza y todo su misterio, que accedía, en mi misma casa, en el estudio donde escribo y en la cama donde leo y descanso, a estar en diálogo cotidiano y permanente conmigo. Claro que adoptaré otro gato, un día de estos. De momento no puedo pensar más que en abrazar la pena de haber perdido a esa entrañable e inolvidable gatita cuya vida acaba de ser, como escribió Garcilaso, “antes de tiempo y casi en flor cortada”.

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Más sobre Yamita en este blog:

Un año de Yamita Monogatari, http://bit.ly/PMM7Vy
2013 en diez imágenes, http://bit.ly/1ehGdEj
Fotos curiosas, http://bit.ly/1wXRbuC
Imágenes recientes, http://bit.ly/1EEQYzP



viernes, 28 de agosto de 2015

Colegas humanistas


Hace unas semanas contaba yo en este espacio que los hermanos maristas, con quienes cursé toda mi vida de estudiante antes de entrar a la universidad, tenían no pocas virtudes pedagógicas pero que eran deficientes alentando las vocaciones humanísticas que no condujeran al odioso Derecho. En el último año de la preparatoria coincidí, en el Área Cuatro, la dedicada a las Disciplinas Sociales, con una serie de colegas que acabaron dedicándose al cine, al teatro, a la filosofía o a las letras a pesar de no contar con el mínimo estímulo académico para decidirse a hacerlo. La prueba de que los maristas no ayudaron en el desarrollo de sus capacidades artísticas es que la mayoría de ellos estudiaron algo que no era su vocación, antes de tomar su verdadero camino, exactamente como me pasó a mí.
Aquí los retratos, de ayer y de hoy, de esos siete heroicos compañeros; las fotos de los tiempos en que coincidí con ellos provienen de la Memoria del Centro Universitario México precisamente de ese curso, 1981-1982 (a la derecha, la portada de esa edición). Todas las fotos fueron tomadas por Elpidio Hernández, inquietante personaje que murió ese mismo año, no mucho después de hacer sus últimas imágenes, y al que la comunidad estudiantil apodaba El Chile –por las bien justificadas razones que expondré en una próxima entrada de este blog.



Celso Álvarez, pintor y arquitecto


Jose Álvarez, cineasta


Carlos Bolado, cineasta


Eduardo Menache, filósofo


Santiago Pando, cineasta


Fernando Rodríguez Guerra, lingüista


Sergio Vela, director de escena

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Tomo la foto de Celso Álvarez de su página en Facebook; la de Carlos Bolado, de http://www.snipview.com/. El retrato de Santiago Pando es su imagen oficial en twitter. El resto de los retratos son míos y fueron tomados en diversos momentos y ocasiones.

Más sobre el Centro Universitario México (CUM) en este blog:
Caricaturista (1979-1980), http://bit.ly/1SZf0c3
La Revolución y el fracaso educativo en México, http://bit.ly/hbMJUo
Borges y el prestigio del sistema decimal, http://bit.ly/1fdQ6RC

Más sobre mis viejos colegas en Siglo en la brisa:
Jose Álvarez rescata la voz de Octavio Paz, http://bit.ly/1fCpu0p
Eduardo Menache, maestro de la EME, http://bit.ly/1u71LMS
Fernando Rodríguez G., sobre El ciclismo y los clásicos, http://bit.ly/1g43dek
Sergio Vela, director de escena, http://bit.ly/1U25whD




viernes, 21 de agosto de 2015

La cifra (1981)


No sé cuántos de mis colegas lectores de poesía hayan visto alguna vez las dos ediciones. En 1981, mi entusiasmo por Borges había alcanzado la cima: como ya he contado por extenso en este cuaderno en línea, en agosto de aquel año lo vi decir unos poemas en una lectura pública; poco después conseguí –de una sola vez– todos sus libros, quiero decir que todos los que estaban en la colección de bolsillo de Alianza Editorial (empezando por el primero que leí, El informe de Brodie, en un ejemplar idéntico al que había sacado de la biblioteca de la preparatoria).
Entonces apareció La cifra. Recuerdo que Excélsior anunció la publicación del nuevo libro de poemas de Borges, que veía la luz en dos ediciones simultáneas –una de Emecé en Buenos Aires, la otra de Alianza Editorial en Madrid–, asegurando que se trataba de su "testamento literario". Lo que nadie sabía es que el poeta argentino todavía iba a publicar un libro más del género, Los conjurados (1984).
Pero la intención de este post no es tanto presumir las dos ediciones que están en mi biblioteca (una de ellas, regalo de mi amigo Sergio Vela), sino echar un ojo a lo que dice Borges de sí mismo en el prólogo de ese libro; de paso, asistir a la notable clase de literatura que ofrece en esa misma página. Por último, copiar alguno de los poemas que más me han gustado ahora que lo acabo de releer.
“Poesía intelectual”: así dice Borges que se llama lo que hace él. Y es que, explica, con los años ha comprendido que no son para él “la cadencia mágica, la curiosa metáfora, la interjección, la obra sabiamente gobernada o de largo aliento”. “La palabra”, sigue diciendo, pero seguro quiere decir “la expresión” (es decir, “poesía intelectual”), “es casi un oximoron: el intelecto (la vigilia) piensa por medio de abstracciones, la poesía (el sueño) por medio de imágenes, mitos o fábulas. La poesía intelectual debe entretejer gratamente esos procesos”. Entonces ofrece algunos ejemplos de poesía intelectual: “Platón en sus diálogos”, dice, y Francis Bacon en sus enumeraciones. “El maestro del género es, en mi opinión, Emerson”, añade. Además de ellos “lo han ensayado, con diversa felicidad, Browning y Frost, Unamuno y, me aseguran, Paul Valéry”. (Habría que excavar en ese “me aseguran”: seguro que tiene alguna jiribilla que a mí se me escapa.)
A continuación, el poeta argentino ofrece un ejemplo de poesía “puramente verbal”, una estrofa del poeta Jaime Freyre en la que quizás haga un guiño a su propia circunstancia (expresada más abiertamente en la dedicatoria del libro, aunque en aquel lugar no mencione el amor):
Peregrina paloma imaginaria,
que enardeces los últimos amores,
alma de luz, de música y de flores
peregrina paloma imaginaria
de la que dice que “no quiere decir nada y a la manera de la música dice todo”. Ha ofrecido ese ejemplo para contrastarlo con este otro, de poesía intelectual, esta vez la famosa estrofa de Fray Luis de León de la que dice (sorprendentemente para mí) que Edgar Allan Poe se la sabía de memoria, en cuyos versos, afirma, no hay una sola imagen, y en el que cada palabra (a excepción, acaso, de “testigo”) es una abstracción:
Vivir quiero conmigo,
gozar del bien que debo al Cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanza, de recelo.

Borges cierra el prólogo diciendo que los poemas de La cifra “buscan, no sin incertidumbre, una vía media”. A continuación reproduzco un poema de ese libro, es decir un ejemplo del género de poesía que buscaba en los últimos años de su vida, según asegura él mismo.
Nótese cómo en la repetición de la palabra “Rhin” de los primeros versos está el artificio que hace que Quevedo escriba hasta cinco veces la palabra “Roma” en su célebre soneto dedicado a la ciudad eterna (cuatro sólo en la primera estrofa), número que Borges copia sin ninguna dificultad. Quevedo, y aun Ronsard –que también echó mano del recurso–, partieron “de un epigrama del humanista polaco Nicola Sep Szarynski” publicado en 1608, y que dice: “Qui Roma in media quaeris, novus advena, Romam, / et Roma in media Romam non invenies…”, según explica José Manuel Blecua en una de las ediciones de Quevedo que tengo a mano (Poemas escogidos, Castalia, 1989, pág. 141).
Por último, me hace gracia que en el prólogo del libro Borges mencione a Unamuno, escritor que de ninguna manera estaba entre sus preferidos, porque el último verso del poema que sigue me recuerda, todo lo vagamente que se quiera, el final de uno de los más conocidos del viejo rector de la Universidad de Salamanca.


Correr o ser
Por Jorge Luis Borges
¿Fluye en el cielo el Rhin? ¿Hay una forma
universal del Rhin, un arquetipo,
que invulnerable a ese otro Rhin, el tiempo,
dura y perdura en un eterno Ahora
y es raíz de aquel Rhin, que en Alemania
sigue su curso mientras dicto el verso?
Así lo conjeturan los platónicos;
así no lo aprobó Guillermo de Occam.
Dijo que Rhin (cuya etimología
es rinan o correr) no es otra cosa
que un arbitrario apodo que los hombres
dan a la fuga secular del agua
desde los hielos a la arena última.
Bien puede ser. Que lo decidan otros.
¿Seré apenas, repito, aquella serie
de blancos días y de negras noches
que amaron, que cantaron, que leyeron
y padecieron miedo y esperanza
o también habrá otro, el yo secreto
cuya ilusoria imagen, hoy borrada
he interrogado en el ansioso espejo?
Quizá del otro lado de la muerte
sabré si he sido una palabra o alguien.

(Tomado de La cifra, Emecé Editores, Buenos Aires, 1981, pág. 75.) 
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La foto de Borges es de Rogelio Cuéllar. Tomo la de Paul Valéry de http://www.poets.org/, donde se ofrece sin crédito de autoría.


Más poesía comentada en este blog:
1. De Pedro Salinas, http://bit.ly/waOQiL  
2. De Lope de Vega, http://bit.ly/9ZpQ2U 
3. De Juan Ramón Jiménez, http://bit.ly/aoVJM3
4. De Andrés Fernández de Andrada, http://bit.ly/9xgKZQ
5. De Macedonio Fernández, http://bit.ly/wZS9zU
6. De César Vallejo, http://bit.ly/yNbYFH
7. De José María Fonollosa, http://bit.ly/SNtIEE
8. De Ángel González, http://bit.ly/1INUvry

Más sobre Borges en Siglo en la brisa:
Velada poética en la Sala Ollin Yoliztli: http://bit.ly/1n26rgE
Foto en los baños de San Ildefonso, http://bit.ly/9aenhb 
El prestigio del sistema decimal, http://bit.ly/17bOcNo
El gomero de la Plaza San Martín, http://bit.ly/12ON7aX