viernes, 1 de noviembre de 2019

Eduardo Lizalde, 90 años (Entrevista)


Quince días antes de su cumpleaños número 90, visité al poeta una tarde lluviosa típica del verano de la Ciudad de México. Llovía ya cuando llegué a verlo y siguió lloviendo prácticamente todo el tiempo que duró mi visita. Durante una hora larga, escuché a Lizalde hablar sobre sus días actuales (la organización de su imponente biblioteca), los trabajos literarios a los que está dedicado (su perfeccionamiento de la más famosa traducción de El cementerio marino de Paul Valéry) y el recuerdo de sus viejos amigos (Paz, Arreola, Pacheco) y maestros (González Martínez, Gorostiza). Al final, como no podía ser de otro modo, acabamos hablando de López Velarde. 
El resultado se titula “Conversación bajo la lluvia” y acaba de aparecer en Luvina. Reproduzco mi nota de presentación y las dos primeras páginas de la charla, para invitar a los amigos a que busquen la bella revista de la Universidad de Guadalajara que dirige la poeta Silvia Eugenia Castillero.

Conversación bajo la lluvia
Entrevista con Eduardo Lizalde 
(en los 90 años del poeta)
[Fragmento]
Por FF

Visito al poeta dos semanas antes de que cumpla 90 años. Al día siguiente, sus colegas de la Academia Mexicana de la Lengua le rendirán un homenaje en la Capilla Alfonsina. Es miércoles, son las cinco de la tarde y cae un tupido aguacero, típico del verano de la Ciudad de México. En cuanto pongo un pie en su casa, la lluvia se convierte en violento granizo. No tengo que hacer grandes esfuerzos para escuchar a Eduardo Lizalde, a pesar del estrépito que hacen los pequeños proyectiles de agua congelada al golpear el techo de la terraza que antecede al jardín, que adivino más allá de la ventana empañada. Su voz, pero también su estampa física, su agilidad de juicio y su inteligencia se mantienen intactas e imponentes. Antes de dejarnos a solas, Hilda Rivera, su mujer, me ha ofrecido un café y me ha servido un whisky. Él se ha servido una copa de vino. Después nos hemos sentado a la mesa del comedor, que conserva el mantel de la comida reciente. 
El poeta ocupa la cabecera de la mesa y da la espalda al jardín; yo me siento a su izquierda. Traigo conmigo dos libros suyos: uno, Autobiografía de un fracaso, la historia de sus años poeticistas, un autorretrato crítico del talentoso joven poeta; el otro, la segunda edición de Algaida (2004), el poema escrito a las puertas de la vejez, una de las cimas de la poesía mexicana del último cuarto de siglo. [1] Como yo mismo he cumplido años hace poco, el tema de nuestros aniversarios ocupa los primeros minutos de la plática. Después hemos regresado al tema de la ciudad, anegada ya a estas horas.
*  *  *
—[Él] Yo he sido un gran caminador de la ciudad. ¡Pero es imposible ahora! Ahora está espantosa… Qué violencia de la ciudad ¿eh? La inseguridad en la ciudad es verdaderamente terrible.
—[Yo] ¿Cómo has estado?
—Bien, bueno, pues más viejo que antes, como es natural.
—Pero también más sabio ¿no?
—No. Mucho menos. Ya se me olvidó todo lo que he leído.
—¿Al menos estás más tranquilo?
—No, tengo muchos problemas encima, y luego una cantidad de libros que he tratado de organizar. Estoy empapelado y lleno de problemas.
—Salud, querido Eduardo.
—Salud.
—Pero ¿qué problema tienes con esos libros? Son libros tuyos.
—Todos los libros que tengo en la casa. Tengo miles de libros, que estoy tratando de organizar. Los tres pisos están llenos de libros ¡y de papeles! ¡Estoy empapelado! Luego busco cosas que no encuentro. Todos estos libreros están llenos de papeles y libros. Se va uno llenando de cosas.
Eduardo Lizalde hojea mi ejemplar de la segunda edición de su gran poema Algaida. La foto fue tomada quince días antes de que cumpliera 90 años. Fotos: FF
—¿Vives hace muchos años en esta casa?
—Veinticinco años tenemos aquí, en esta casa.
—Y has sido un gran coleccionista de libros y de documentos ¿no?
—Lo que pasa es que hemos comprado libros toda la vida, y en cuanto tuvimos casa compramos más. Cada cambio de casa ha sido verdaderamente una tragedia. Nomás mira cómo está aquí, ya se caen los libros. ¡Estoy lleno! Tengo un joven que me está ayudando allá arriba en el tercer piso, que es un horror. ¡Y discos! 20 mil discos.
—¿Conservas los LPs?
—No, ésos los tiré hace mucho tiempo. Conservo joyas. No, tengo puro DVD, de video y de audio. Y un aparatazo que ya no puedo manejar.
—¿Por qué? ¿Por viejo o por novedoso?
—No, por incompetente, por incapacidad mía. Le vinieron a hacer unas conexiones, y bueno… La cantidad de discos es enorme. Ya subirás un día de estos al despacho del tercer piso, que es terrible. ¡Salud!
—¡Salud! ¿Y qué se siente estar en casa y no ir a la Biblioteca?
—No sé, porque ir a la Biblioteca era bastante cómodo como trabajo, y me gustaba. Pero el centro de la ciudad es inhabitable. Por fin descansé no yendo a la Biblioteca, ya no lo necesito. Además, estuve muchos años en las bibliotecas, ¡imagínate!
—Es cómodo trabajar en casa ¿no?
—No siempre para mí. No siempre. Estaba yo acostumbrado a andar en instituciones. Siempre me he manejado con instituciones muy grandes, direcciones de publicaciones, todo eso; porque tenía yo muchos ayudantes y muchos servicios ¿no? Pero la ciudad no es cómoda. Pero, bueno, vivimos en una zona civilizada. ¿Dónde vives tú ahora? ¿Igual, en el mismo lugar?
—Vivo en la colonia Cuauhtémoc.
—Ah, en Cuauhtémoc.
—En una calle en la que vivió Arreola.
—Claro, él vivió en toda la colonia Cuauhtémoc. En Río Guadalquivir, en toda la colonia. Ahí vivió y trabajó. Y jugamos ajedrez durante cuarenta años.
—Buen amigo tuyo Arreola ¿no?
—Sí. ¡Fuimos amigos cincuenta años!
—¿Cómo lo conociste?
—Desde que era yo niño casi. Yo tenía dieciocho años cuando conocí a Arreola y a Rulfo, que eran diez años mayores que yo.
—Tampoco es tanto ¿no?
—No, sí era mucho, en una etapa determinada me parecían muy viejos, pero luego fuimos amigos medio siglo.
—¿Dónde los conociste?
—En la Ciudad de México, donde vivíamos todos. Pero nos vimos mucho en su casa de Guadalajara. ¡Fuimos amigos toda la vida, Arreola y yo!
—Él fue tu primer editor ¿no?
—Arreola editó La mala hora. Y editó mis plaquetas. Y bueno, conoció toda mi obra. Ahora que me están pidiendo textos sobre mis libros para los homenajes, ¡no encuentro nada, hombre! Los textos de Arreola, que eran muy pocos, ahí están; pero he perdido textos de mucha gente importante.
—Textos que escribieron sobre tu obra.
—Sobre mi obra, claro, sobre mis libros. Ya estoy abrumado frente a la cantidad de libros, hombre, mira nada más cuánto hay aquí, por toda la casa. El segundo piso está lleno y el tercero también. Y estoy tirando papeles. Soy un coleccionador de papeles feroz. Todos los días tiro toneladas de papeles, copias, apuntes, bueno…
—Habrá otros que conservas ¿no?
—Conservo lo que me parece posible. ¡Oye, qué aguacerazo! Bueno, pues conservo algunas joyas. Ahí hay 700 diccionarios… [dice, señalando hacia un gran muro que tiene enfrente, en la sala, del otro lado del comedor]
[...]
_________________
Foto: Lucirene Castellanos.
FIL de Guadalajara, 2017
Los retratos que acompañan este post son míos. Los hice el día que visité al poeta en su casa, el pasado 26 de junio de 2019.

Más sobre Eduardo Lizalde en este blog:
Homenaje en la FIL, https://bit.ly/3468kEQ

Adjetivos de Algaida, https://bit.ly/2HvA2kC

sábado, 26 de octubre de 2019

El ideólogo y el Rey

De todas las imágenes que se produjeron el sábado pasado, cuando los Reyes de España visitaron Asiegu, Pueblo Ejemplar de Asturias 2019, esta fotografía ha resultado ser, para mí, la más significativa, y eso que fueron seguramente miles las que se hicieron a lo largo de las cuatro horas o así que Felipe VI, la reina Letizia y sus hijas, una de ellas Princesa de Asturias, pasaron en la pequeña aldea cabraliega. 
La familia real en Asiegu. 19 de octubre de 2019.
Foto: Miki López, La Nueva España.
Unos, porque los recibieron en sus casas, según estaba previsto; otros, porque los vieron pasar delante de ellas, atentos a la ruta que seguirían por el pueblo; todavía unos más, los últimos, porque consiguieron un lugar en el puñado de autobuses que subieron la carretera desde Carreña, la capital del concejo, o de Arenas, su núcleo más poblado, y se ubicaron en algún lugar detrás de las vallas que colocó la Fundación Princesa de Asturias en muchos sitios de Asiegu, indistintamente unos y otros haciendo sus propias fotografías y videos, aunque a veces fuera a costa de dejar de atestiguar, con los sentidos liberados y alertas, la presencia de unos personajes jamás vistos de otro modo si no es en el papel impreso o la pantalla de la televisión. 
Foto: Maricarmen Niembro Bueno.
Se dio el simpático caso, por ejemplo, de una prima mía que no pudo dar la mano al Rey, a pesar de que bien podría decirse que éste hizo un incipiente ademán de extenderle la suya cuando pasó a un costado de la casa que levantó hace casi cien años nuestro bisabuelo común, frente a la cual estaba ella aguardando su paso, ya que llevaba, en una mano, el bendito teléfono celular, y en la otra el paraguas al que la obligó aquel húmedo día, a ella y a mí y a los ilustres invitados y la cauda larga de agentes de seguridad y guardias civiles y periodistas y todos cuantos estuvimos presentes en Asiegu, ya que ese sábado 19 de octubre de 2019 no dejó de llover ni un solo instante. Gracias a ello, mi prima hizo una foto de Felipe VI en el momento en que él la mira a ella a los ojos y su Majestad se conforma con saludarla con un movimiento de cejas, así como un segundo antes ella misma había logrado una bonita imagen de la Princesa de Asturias sonriendo entre los brazos y los paraguas apretados y entusiastas.
Foto: Maricarmen Niembro Bueno.
Mujeres vestidas de paisanas chorreando agua por todos lados, visitantes extranjeros empapados (no pocos mexicanos), y eso por no decir nada de las decenas de periodistas bajo todo género de chubasqueros y gorras e impermeables llevados allí con el propósito específico de volver con las alforjas colmadas de imágenes, todos ellos disparando una y otra vez sus cámaras y sus teléfonos.
Pues bien: lo más singular del caso es que la imagen que más me interesa y entusiasma al parecer no existe sino apenas como cuadro aislado de un momento de video arrancado a la pantalla de la televisión, y conseguido una vez que, de regreso en Oviedo, alguien pudo ver con calma la transmisión originalmente hecha en vivo por la Televisión del Principado de Asturias, entre otras razones porque estaba en busca de ese preciso momento, del que ya nos habíamos dado cuenta de que quizás no había testimonio fotográfico.
Me parece la imagen más significativa de ese día, y no por la razón, desde luego, de que se me reconozca a mí al lado de Javier Niembro, como parte del grupo de personas que trabajaron a favor de la candidatura de Asiegu a Pueblo Ejemplar (en el que fui incluido gracias a la generosidad de mi amigo). Lo es porque fue el único momento de toda aquella jornada en que se encontraron cara a cara el Jefe del Estado español y el principal ideólogo de la candidatura, el más brillante de todos cuantos pusieron su talento en las argumentaciones que dieron el Premio a Asiegu. 
Javier y Manuel Niembro Fernández, promotores de Asiegu de Cabrales. 14 de octubre de 2019, Sidrería Félix de Oviedo. Foto: FF. 
Considérese que el encuentro entre la familia real y el grupo de personas que nos vimos de uno u otro modo involucrados con las ideas y su mejor planteamiento posible, dirigidos y concertados siempre por Javier, fue apenas un saludo fugaz entre paraguas, bajo la lluvia y con prisas, y que ese encuentro, a pesar de que pudo haber tiempo y sitio para ello, no volvió a producirse. Tampoco se hizo una foto de conjunto entre unos y otros, como sí se hizo, en cambio, con los miembros del Jurado que decidieron que la candidatura de Asiegu era la más valiosa de cuantas se presentaron. De ese modo, al menos hasta ahora, por lo menos hasta donde yo sé, nadie ha publicado una imagen del momento en que Javier Niembro y el Rey se dieron la mano, y por ello contamos sólo con esta toma de lado, poco menos que azarosa, más un guiño que la captura de un hecho en toda forma, que nos hemos resignado a tomar de la pantalla de la televisión.
Aunque, si todo hay que decirlo, no es del todo de extraño aquel plano secundario en que se vio colocado mi amigo. Humildad y generosidad son las dos palabras emblemáticas con que Javier vivió el reconocimiento que supone semejante premio, y ellas marcaron el modo en que aceptó que se distribuyeran los principales papeles de la puesta en escena de ese día, y permitió que fueran otros quienes se dejaran bañar por las luces del proscenio y aparecieran por lo tanto en las fotografías más reproducidas, al grado de terminar quedándose literalmente al margen. Más tarde, mientras el picoteo de la comida transcurría, al final del recorrido oficial por el pueblo, todos de pie debajo de la gran carpa que cubría de bolera nueva del pueblo, y los Reyes departían, me parece a mí, con gente del todo ajena a Cabrales, del otro lado de una larga mesa custodiada por unos severos agentes de seguridad emplazados con estudiada precisión, cuando todo eso ocurría, quiero decir, entreví a Javier paseándose entre los grupos de invitados llevando en los brazos a Taran, su hijo menor, cuya imagen fue la portada de la Memoria de la Candidatura a Pueblo Ejemplar, el niño que apenas ha echado a andar estas semanas y lleva ya en los ojos la inconfundible chispa de inteligencia y carisma de su padre. 
Javier Niembro y su hijo menor, Taran. La foto fue tomada el 18 de octubre pasado, víspera de la visita real a Asiegu, en Arenas de Cabrales.
Con todo, no me quedo con esta estampa, bien simbólica del trabajo que él ha encabezado, a través de la recuperación de la sabiduría antigua, y en favor del futuro del pueblo de Asiegu de Cabrales y de las nuevas generaciones, en un tiempo en que la vida rural parece condenada al exterminio, sino con la otra, la que alguien ha conseguido arrancar a una toma casi distraída de la televisión, que reproduce el momento pleno de sentido en el cual el nieto de Guillermina, el hijo de Manolo y Tere, el padre de Xabel y Taran, sin barreras de ningún género, por encima del advenimiento del ruido y de la fiesta y de los egos satisfechos, se produjo el contacto entre la máxima figura de autoridad y la legítima inteligencia rural, y se dieron la mano, bajo la lluvia del campo de Asturias, la cabeza del Estado español y uno de sus ciudadanos más valiosos.
Picos de Europa desde la carretera que sube a Asiegu. La foto fue tomada la víspera de la visita real al pueblo. Foto. FF
_________________
Asiegu, Pueblo Ejemplar de Asturias, en este blog:



sábado, 5 de octubre de 2019

Asturias, octubre de 1967

Una revista asturiana, que prepara un número monográfico sobre Asiego de Cabrales para celebrar el Premio Princesa de Asturias al Pueblo Ejemplar 2019, el cual será entregado por los Reyes de España el próximo sábado 19 de octubre, me manda un cuestionario sobre Oriundos y me solicita unas imágenes. La revista me pide que incluya alguna tomada en un entorno asturiano. Mando un par de imágenes del libro (la portada, la postal del maestro del pueblo y los niños) y la foto que abre este post. Fue hecha por mi madre en Poo de Llanes, en octubre de 1967, cuando yo tenía tres años y medio. Ella era una jovencísima mujer de camino a los 24 que acababa de volver por vez primera a España desde su salida con rumbo a México casi cuatro antes, recién casada con mi padre y ya embarazada de mí. Aquel año, 1967, el de mi primera visita a Asturias, mi madre, mi hermano y yo pasamos una larga temporada en Oviedo, en la casa de mi abuela materna. Una mañana fuimos a retratarnos los tres, para mandar la foto a mi padre, a México.
No tengo ni un solo recuerdo del día que fue tomada la imagen que envío a la revista asturiana, desde luego, como prácticamente no los tengo de ese viaje, así que nada puedo decir que no sea evidente o no se adivine en ella. Una recia mujer, vestida al uso de las paisanas de la época, me incorpora suavemente al cauce de las pequeñas aldeanas, quienes parecen más interesadas en no perder el paso que en advertir la anómala presencia del pequeño mexicano, no se sabe si serio o azorado, disfrazado de mariachi y armado del único remo de una guitarra blanquísima y a escala que jamás sabrá siquiera pulsar.
Aprovecho la publicación de esta foto para enviar la invitación de la presentación de mi libro en la capital asturiana. Oriundos se presentará en Oviedo el 14 de octubre, esto es de este lunes en ocho, en la Biblioteca Ramón Pérez de Ayala, que está en el corazón mismo del casco antiguo de la ciudad donde nació mi madre. Participarán en ella Javier Niembro, vecino de Asiego de Cabrales y una de las mentes tras la “aldea pensada” cuyo trabajo será reconocido el día 19 con la visita de los Reyes de España al pueblo, y Juaco López Álvarez, director del Museo del Pueblo de Asturias.


______________________
Más sobre Asturias y Oriundos en este blog:
"Asiegu ya tiene novela", https://bit.ly/30UxUtG
Asiego, Premio Princesa de Asturias, https://bit.ly/2mmgMhz
Santos, 1923, https://bit.ly/2CGCxir
Antonio Poo, https://bit.ly/2zgKjzi
El arroz Covadonga, https://bit.ly/2IxEVe8
Retratos asturianos, https://bit.ly/2KnktdZ