viernes, 23 de octubre de 2015

viernes, 9 de octubre de 2015

Sobre una escalera de Luis Barragán


Fotografías de Martirene Alcántara
En unas semanas aparecerá el libro Croquis. Los dibujos de Carlos Mijares. Se trata de una generosa muestra de los croquis del gran arquitecto mexicano, que falleció el pasado día de San José, a los 84 años de edad. 
Las secciones de los dibujos, que hemos reproducido a todo color y con lujo de detalle de los 19 cuadernos que Mijares entregó en custodia a la Facultad de Arquitectura de la UNAM, aparecen en las páginas del libro alternadas con seis diálogos sobre arquitectura y otros temas limítrofes, armados a partir de las muchas horas de conversación grabada entre el arquitecto y algunos de sus colegas y amigos, entre ellos Alberto Kalach, Aurelio Nuño, Humberto Ricalde y quien esto escribe. También aparece en la plática la fotógrafa Martirene Alcántara, autora de la totalidad de las fotos de los dibujos y de tres hermosos retratos incluidos en el volumen. 
Se me ha ocurrido que una buena manera de manifestar nuestra alegría por la inminente aparición del libro es poner en línea una pequeña muestra de uno de esos diálogos. Al azar escojo la conversación sobre la casa de Luis Barragán en Tacubaya, y más específicamente sobre uno de los detalles más conocidos de la casa, una polémica (y bellísima) escalera.


Sobre una escalera de Luis Barragán
Conversan Mijares, Fernández, Kalach y Alcántara

Mijares: Yo recuerdo la primera vez que fui a la casa de Barragán, que me invitó Luis. Estaba recién terminada la casa, alrededor de 1952. La casa era toda blanca, no tenía color. Salas Portugal entendió la luz, el claroscuro y la sombra en esa zona en particular, y por eso hizo sus famosas fotografías. Luego, [el pintor] Chucho Reyes [1880-1977] le dijo a Luis: “Tienes que explorar el color, el color de cal”. Y entonces empezó a explorarlo. Eso también es muy bonito y muy valioso, ¿no? Bueno, Alvar Aalto y su casa de Muuratsalo [está en la isla finlandesa de ese nombre y fue construida entre 1952 y 1953]. Él la llamaba la “Casa Experimental” porque hacía aparejos de ladrillos y cosas así. Y, además, casi todo lo hizo, según dice, con material regalado, porque le mandaban muestras y las usaba. Hizo con ellas un mural, precioso, en uno de los muros.
Alcántara: Bueno, como fotógrafa, para mí fue muy interesante la casa de Barragán. Yo la viví durante algunos meses, por un trabajo que estuve haciendo allí, y nunca vi lo que vio Salas Portugal. Y seguro Salas Portugal no vería lo que vi yo ni lo que podrían ver ustedes. Porque tiene que ver mucho, para la apreciación de la arquitectura en general, el tipo de persona, de cultura, ¿no? Y cada quien va a encontrar una casa diferente.
Mijares: Pero, fíjate, justamente por eso creo yo que eso es un síntoma de que es una obra buena: que permite diferentes lecturas.
Kalach: Una vez hablé con un gran fotógrafo de arquitectura, el japonés [Yukio] Futagawa, el viejo [1932-2013]. Le pregunté que cuál era la buena arquitectura y me respondió: “La arquitectura buena es la que es difícil de fotografiar”. Entonces le empecé a preguntar por algunos arquitectos y me dijo: “Ésos, fáciles de fotografiar”. Le saqué toda su filosofía sobre la arquitectura con base en lo fácil y lo difícil de fotografiarla. Si no es fotogénica, es que es un poco más intrincada…
Alcántara: Que es lo más fascinante.
Mijares: No deja de ser significativo de la casa de Luis que haya un puñado de fotos consagradas.
Kalach: Y que todo mundo tiene que tomar, además.
Mijares: Claro, por supuesto, porque el resto es difícil de fotografiar.
Alcántara: Sí. Creo que a mí lo que me ayudó fue haber estado muchos días, casi completos, metida en la casa.
Mijares: Es que tiene lugares fascinantes que, sin embargo, no están fotografiados.
Fernández: ¿Qué piensan de la escalera que baja de su estudio, que se va angostando dramáticamente?
Mijares: Ése es un caso que a mí me intriga muchísimo, ahora sí que en lo conceptual. En fin. Esa escalera es posiblemente una de las más fotografiadas de la arquitectura contemporánea. Pero… cuidado si intentas usarla como escalera.
Kalach: Para empezar, no cabes.
Mijares: Tan sólo bajarla es difícil… y peligroso… Ahora ya está prohibido, para conservarla, pero es que esa escalera es una travesura.
Kalach: Es que quizás más bien es una escultura.
Mijares: Como pieza que contribuye a darle matices al espacio, es una maravilla, pero ¿como escalera? Y ahí está eso de lo funcional, ¿ves? ¿Funciona? Digamos que no demasiado.
Fernández: ¿No es funcionalista esa idea, que me parece fascinante, de que la forma tiene que corresponder perfectamente a la función? Ese concepto me parece precioso y creo que es vigente en cualquier escuela y en cualquier momento.
Mijares: Por supuesto porque, si te fijas, ése sí es un concepto. Es decir, es una manera de ver las cosas, de hacer las cosas. Y por lo tanto es bueno en la medida en que es múltiple y se refiere a muchas cosas. Lo que pasa es que eso, a mi juicio, se derivó mal. Y se convirtió en algo elemental como que la cocina estuviera cerca del comedor, las recámaras cerca del baño, y ese tipo de cosas. O que el funcionalismo intentara acabar con todo lo que se llamaba “ornamentación”, por ser algo absolutamente innecesario. La verdad es que había llegado a ser innecesario por ignorancia, porque ya no correspondía a los procedimientos y entonces sí se convertía en añadido. Loos incluso dice…
Kalach: Sí, algo así como que el ornamento es delito.
Mijares: Es delito, sí. Lo declara “pecado”, prácticamente como una culpa: si tú ornamentas, eres culpable.
Fernández: Ése parece un comentario protestante.
Mijares: Sí, calvinista. Literalmente.
Kalach: De seguro lo era.
Mijares: Yo creo que sí. De veras es esa cosa terrible… Entonces, entre los pecados y el funcionalismo, se convirtió la arquitectura en nada, simplemente en algo que se sostuviera, que no se fuera a caer, que costara lo menos posible…
Fernández: En cierto sentido, un manierismo.
Mijares: Claro.
Fernández: En cuanto se hace dogmática, en cuanto se estiliza, en cuanto privilegia un cierto esteticismo por encima de los valores reales, pierde su esencia. Pero hay obras fantásticas, ¿no?, con ese manierismo, yo pensaría…
Kalach: Claro, como el Pabellón de Barcelona [de Mies van der Rohe, de 1929].
Mijares: Pero fíjate que es maravilloso en la medida en que te dice mucho más que lo que hay. Porque el funcionalismo es, si entendemos por “función” lo que haces, pues lo que haces ahí es bastante variado. Recorres el Pabellón y poco a poco le vas encontrando una cantidad de detalles verdaderamente maravillosos, en todas las escalas.
Fernández: Volviendo a la escalera de la casa de Barragán, ahí la forma no corresponde a la función, ¿no? ¿Está trabajada como una escultura?
Mijares: Claro que no. Ahí lo que hay es la ambigüedad y la carga del fundamentalismo de lo conceptual. Y qué importa, finalmente.
Fernández: ¿No será que quiere dar la idea de que es más larga de lo que es, al hacer tan dramático el trazo? Creo que es eso lo que provoca en el ojo ¿no? ¿O por qué tengo esa impresión?
Alcántara: Porque cuando estás abajo, ésa es la perspectiva.
Mijares: Pero yo incluso ni siquiera estoy seguro de si Luis la concibió como una escultura. Es decir, Luis hizo una escalera para bajar de su estudio a recibir a sus visitas. Dicen que cuando llegaban sus invitados los hacían pasar a la sala y luego él bajaba.
Alcántara: Espectacularmente.
Kalach: Valor escénico.
Mijares: Es teatral, sí. Pero no sabe uno por qué se hacen las cosas y finalmente yo creo que no importa mucho en esos casos. Es decir, indagar los motivos, aparte de que posiblemente son mucho más confusos de lo que parecería, no añade demasiado a la experiencia. No sé para ustedes.
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Aquí todo sobre Croquis, a unos días de su aparición editorial: http://croquis-arquitectonicos.com

Todas las fotos de esta entrega de Siglo en la brisa son de Martirene Alcántara, coautora de Croquis. Los dibujos de Carlos Mijares.

Más sobre Carlos Mijares en este blog:
Su obra maestra, http://bit.ly/1pVjqTH
Una visión de su trabajo en Michoacán, http://bit.ly/QFoXOY
Ruinas de Antigua, http://bit.ly/1HbRvJh



viernes, 2 de octubre de 2015

Zacatecas, junio de 1985


He aquí el ejemplar del libro en el que vi por primera vez el nombre de López Velarde: es la quinta edición, de septiembre de 1980, de un título publicado originalmente en 1965. Estaba en la biblioteca de mis padres, de donde lo saqué para descubrir el ensayo de Octavio Paz sobre el gran poeta de Zacatecas. Todo mundo sabe que “El camino de la pasión”, que es como se llama ese ensayo, fue escrito en principio como un comentario al estudio de Allen W. Phillips, y aparece en este libro, Cuadrivio, acompañado de otros tres trabajos, los tres espléndidos y de primera, dedicados respectivamente a Darío, Pessoa y Cernuda.
No puedo decir que haya entendido mucho sobre quién era y qué significaba López Velarde en aquella primera lectura del verano de 1984, que es cuando está firmado el ejemplar que me apropié inmediatamente. (Ahora que lo pienso, bien podría ser que ése haya sido el primero de los libros de mi biblioteca.) No obstante, aquel primer acercamiento ya me hizo sentir una extraña fascinación por el lenguaje de ambos poetas; en particular, por supuesto, por el de López Velarde. 
El hecho ocurrió el verano que cumplí veinte años; no mucho después, le propuse a un amigo de entonces, Francisco de la Mora, que hiciéramos un viaje a Zacatecas con el propósito de ver el cielo cruel y la tierra colorada. 
Lo hicimos en junio del año siguiente, 1985; de aquel viaje tengo un puñado de fotos que hace poco cumplieron treinta años. En una de ellas, tomada en el tren que nos llevó a la bizarra capital del estado, puede vérseme leyendo el libro de Paz. 
En las páginas de la edición de las Obras de 1971 conservé, de manera perfectamente natural, el boleto del tren y la entrada a la Casa-Museo del poeta, detrás de la cual escribí la fecha de la inolvidable visita. Esas imágenes y las del ejemplar mismo, que sigue en mi biblioteca, son el motivo de este post.


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Más sobre López Velarde en este blog:
El manuscrito de “El sueño de los guantes negros”, http://bit.ly/1FkjwJY
La presentación de mi libro Ni sombra de disturbio, http://bit.ly/1SvPw5I
Fotos de la edición de AUIEO-Conaculta http://bit.ly/1u1HBnC
Una reseña de Ernesto Lumbreras, http://bit.ly/1GP0UqG
Un artículo de Juan Villoro, http://bit.ly/1NbwTnW