viernes, 17 de abril de 2015

Cinco años de Siglo en la brisa


El mes pasado se cumplió el primer lustro de este blog. Para celebrarlo, me he permitido escoger las diez entregas de los últimos doce meses que más me han llamado la atención al asomarme a la lista de más de cincuenta que conforman la historia del año más reciente de Siglo en la brisa. Nadie sabe la cantidad de felicidad, de entretenimiento y hasta de consuelo que he sacado, semana tras semana, sin fallar prácticamente nunca a lo largo de más de cinco años, de la escritura y la confección de este cuaderno en línea. Publico una brevísima descripción de cada una de esas entregas, acompañada del enlace que le corresponde y una de las imágenes con las que originalmente las ilustré.


1. Yamita, fotos curiosas (Foto: FF)
Esta entrega reúne algunas de las fotos más simpáticas que he conseguido hacer a la dulcísima gatita que me ha acompañado a lo largo de los últimos años. En la imagen, por ejemplo, el rastro que dejó un día cualquiera al abandonar su refugio (por cierto, invariablemente diurno) entre las cobijas de mi cama. 


2. Cervantes en Lepanto
Este post recupera un relato de la batalla en la que el genial autor de El Quijote fue herido en un brazo. Quien lea se enterará de las razones por las que podemos decir que el famoso Manco de Lepanto no era manco. Tomo el texto de la espléndida biografía del hispanista francés Jean Canavaggio (Austral).




3. El niño Arreola se aprende La suave patria (Foto: Kati Horna)
El autor de Confabulario, uno de los lectores más originales y profundos de López Velarde, cuenta cómo conoció y se aprendió de memoria el gran poema sobre México.


4. Adjetivos de Algaida
La profusión de adjetivos es una de las características de mi poema preferido de Eduardo Lizalde. El texto intenta explicar las razones por las aparecen en tal cantidad; no menos que eso, trata de entender por qué resultan tan hermosos y conseguidos.


5. Mi cuento preferido de Saki
Desde que hace cerca de cinco lustros mi querida amiga Nattie Golubov me regaló una hermosa edición en castellano de algunos relatos de Saki, me convertí en lector del agudo y finísimo cuentista británico. "La telaraña" es, de todos los que conozco, el que más me gusta.


6. Un retrato afortunado de Octavio Paz (Foto: Enrique Díaz, AGN)
Esta entrega de Siglo en la brisa recupera todas las veces que se ha reproducido este estupendo retrato del jovencísimo poeta, al menos todas las que yo conozco, desde que descubrí la imagen en un libro de Elena Poniatowska y la puse en la portada de Viceversa.


7. Tezcatlipoca, códice Borgia (lámina 17)
Dos queridos amigos, Mario González Suárez y Eduardo Menache, grandes conocedores del bellísimo documento prehispánico, interpretan la extraña imagen de Tezcatlipoca que aparece en una de sus láminas (y que copio una vez más arriba de estas líneas).


8. Nueve retratos españoles (Foto: FF)
En octubre de 2014, estuve veinte días en España. Este post reúne algunos de los retratos que hice a algunos amigos mientras pasaba por Madrid, Extremadura y Asturias. En la foto, Chelo la de Tivo se deja retratar a las puertas de su casa, en el pequeño pueblo de Asiego de Cabrales.


9. Cosecha de nabos (Foto: Juan Miranda)
La preciosa foto de Juan Miranda que aparece en la portada de mi libro Contra la fotografía de paisaje tiene una historia singular. Esta entrega hace el relato de cómo llegó a mis manos y de qué manera acabó saltando a la portada del librito editado por Magenta.


10. Almela: últimas fotos (Foto: FF)
Algunas de las últimas fotografías que le hice a mi queridísimo amigo Juan Almela aparecen reunidas en esta entrada. En ellas, el poeta, lamentablemente fallecido la tarde del sábado 20 de diciembre pasado, trata de descifrar el título de mi libro sobre López Velarde.


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Los otros aniversarios de este blog
El primer año de Siglo en la brisahttp://bit.ly/wvnnI4

Dos años de este cuaderno en línea, http://bit.ly/XwUDVb

Tercer aniversario: http://bit.ly/OX43Mx

Cuatro años, http://bit.ly/1KWBLg6



La foto que abre este post es de Jonathan López Romo.



viernes, 10 de abril de 2015

6 de abril de 1990


El lunes de esta semana se cumplieron 25 años de mi examen profesional. Me di cuenta porque estaba buscando una foto y di con el álbum de ese día. Nunca he olvidado que obtuve la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, como se llama la carrera en la UNAM, un 6 de abril; lo que percibí esta vez, no sin que me diera un pequeño vuelco el estómago, es que acaba de cumplirse un cuarto de siglo.
Podría copiar unos fragmentos de la tesis que defendí aquella tarde, frente a un tribunal presidido por Eduardo Casar y conformado por él mismo, Malena Mijares y Manuel Ulacia, pero me parece que ese texto, un gran retrato de la poesía de Gerardo Deniz tomado del natural, no es propicio para este espacio y a estas horas.
O podría reproducir algunas imágenes del estado actual del documento mismo que se guarda en la biblioteca de la Facultad, que vi en persona hace probablemente una década, estropeado y lleno de dobleces y marcas, lo que me permitió suponer que fue solicitado en unas cuantas ocasiones, pero resulta que las tesis fueron digitalizadas y mi engargolado original ya no está consultable, cosa que conseguí saber gracias a los buenos oficios de mi amiga Alejandra Eme Vázquez, quien me hizo el favor de fotografiar el microfilm en el que está recogida la mía entre otras quince de ese año.
Así que no me queda otra que reproducir algunas de las fotos de ese día: primero, las que fueron tomadas en la Universidad, afuera y adentro del Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras, antes y después e incluso durante la solemne lectura del acta; luego, las que tomé yo mismo o alguien tomó por mí en mi casa, en la reunión de amigos que siguió al examen. Aquí una muestra de las imágenes de aquel 6 de abril de 1990.

El tribunal: Manuel Ulacia, Eduardo Casar (presidente), Malena Mijares (secretaria).
Al fondo: mi primo Jose, mi padre y mi abuelo.
A la espera del resultado del examen, con José de la Colina y Juan Almela.
Al final de la ceremonia, con Fernando Rodríguez Guerra y Malena Mijares.
Con Eduardo Casar.
Con Juan Almela, Gabriela Galindo, Julio Hubard y Manuel Ulacia. 
Ya en mi casa, con Sergio Vela.
José de la Colina departe en la cocina de mi casa con Roberto Tejada (de gorro), Luis Ignacio Helguera y Aurelio Asiain (de espaldas).


viernes, 3 de abril de 2015

Presentación de Contra la fotografía de paisaje


(Emotivísima, al menos para mí, resultó la presentación de mi libro Contra la fotografía de paisaje, hace dos miércoles en la Escuela Mexicana de Escritores. Al final Ricardo Cayuela, director general de Publicaciones de Conaculta, quien estaba previsto que moderara la mesa, no pudo asistir, y fue sustituido por Julio Trujillo, sobre cuya facilidad para el diálogo y gran talento como poeta improvisé algunas palabras. Emotiva en grado sumo, iba diciendo; quizás lo que más me entusiasmó –y halagó– fue algo que dijo Julio Hubard: que había leído Cenizas de mi padre de Claudio Isaac y no le había parecido mal, pero que al leer mi ensayo sobre ese mismo libro había cambiado de parecer al grado de considerarlo, a partir de entonces, como “una obra de literatura mayor”. Como ya se ve, mis amigos hablaron con palabras generosas; aquí las que dije yo con la intención de corresponderles.)

Es una presentación íntima, entre amigos, si amigos son, como estoy seguro de ello, la mayoría de quienes han sido mis alumnos en la Escuela Mexicana de Escritores y sobre todo porque son algunos de mis amigos más queridos quienes han aceptado presentar mi libro. 
Julio Hubard y Eduardo Casar viven en las páginas de Contra la fotografía de paisaje, ellos o un trasunto de ellos, torpe necesariamente si ha tenido que ser con mi mano y mis palabras como he debido retratarlos.
Julio Hubard es mi amigo más antiguo. Poeta concentrado, inteligentísimo, del que bien puede decirse que posee una aspiración clásica, Julio estuvo allí cuando decidí atender a la vocación y hacerme escritor. Con su sempiterna cajetilla de Delicados y su pequeña cafetera italiana, cuyo depósito hacía desbordar de agua, y luego llenaba de café hasta derramarlo, y después todavía ponía a la llama altísima de la estufa, por un lado, y por el otro con su edición de mil páginas de la poesía completa de Lope de Vega, poco menos que desarbolada de tanto leerla, Julio representa para mí la imagen misma de la escritura atendida y tomada en serio. Aparece en un momento crucial de mi vida y por lo tanto de mi libro porque fue él, nada menos que él, quien me habló por primera vez de Gerardo Deniz y quien me llevó a comer por vez primera con el gran poeta una tarde de hace 27 años.
Eduardo Casar fue y sigue siendo mi maestro. Él ha escrito algunas de las páginas más frescas y agudas de la poesía mexicana de los últimos años, y de un tiempo a esta parte ha empezado a reconocérsele como merece, pero con el reconocimiento genuino, no el que viene de la mano de los intereses que nada tienen que ver con la literatura, sino el que se alimenta del respeto y la admiración verdaderas. Lo conocí en la Facultad de Filosofía y Letras cuando era mucho más joven de lo que soy yo ahora, naturalmente que como su alumno, y me hice pronto su amigo. Casar siempre me ha honrado con su afecto y su simpatía, y no menos que eso, con una fe por lo menos discutible en lo que escribo. 
De hecho, puedo decir que Eduardo ha sido mi más auténtico y constante valedor. Fue él quien dirigió mi tesis sobre Deniz, es verdad que un poco a regañadientes y no sin algún conato serio de abandono. Y tal y como cuento en las páginas de mi libro, de Eduardo recibí la primera y la más duradera lección sobre qué es y cómo funciona y cuáles son los recursos de la poesía moderna. [Sobre la foto que acompaña estas líneas: ver las notas al calce.]
No exagero si digo que Ricardo Cayuela es una de las personas de las que me he sentido más entrañablemente unido en mis 50 años de vida: en los primeros años noventas, con él y otro amigo de entonces, Eduardo Vázquez Martín, fundé la revista Viceversa y compartimos todo género de aventuras y trabajos, e incluso tristes y dolorosas separaciones, en la época dorada de la vida. 
Si está en Contra la fotografía de paisaje es porque ha sido él, y con él la noble institución que encabeza, la Dirección General de Publicaciones de Conaculta, quienes han apoyado, junto con otros 150 títulos de editoriales independientes, y sólo el año pasado, a Libros Magenta, la empresa editorial de Gabriel Bernal Granados, para publicar mi libro de ensayos literarios.
Y algunos se preguntarán, ya que estamos aquí: ¿aparece la EME en mi libro? La respuesta es que sí, y muy pronto, desde las primeras páginas, en la evocación que hice para mis alumnos y compañeros de escuela de quién fue y qué tanto aprendí de poesía con el gran Salvador Elizondo, quien pasó la vida, leyó y escribió su obra a sólo unos metros de donde se lleva a cabo esta presentación. La estampa de Elizondo a la puerta de su casa, o de su Museo poético, que es como se llama su estupenda antología de poesía mexicana, está a la entrada misma de Contra la fotografía de paisaje. Gracias a la escuela por abrir sus puertas para que estos queridos amigos y una parte importante de la gente que más quiero, puedan estar esta noche, en este lugar y con este propósito.
Así que no me queda nada más que repetir: gracias a mi amigo, el poeta Arturo Córdova Just, presidente la Escuela Mexicana de Escritores, y gracias a Ricardo, Eduardo y Julio.

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Salvo las fotos de archivo, las imágenes de la presentación que aparecen en este post son de mi hermano José María y fueron tomadas el 28 de marzo pasado en la Escuela Mexicana de Escritores. La del patio de la EME la tomé yo mismo con mi celular hace dos o tres cursos. Sobre las de archivo: en la primera de ellas, Julio Hubard posa para la Canon que compró mi padre a principios de los sesentas y volvió a estar en uso siquiera unas semanas, en mis manos, veinte años más tarde; la segunda de las fotos corresponde a mi examen profesional, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el 6 de abril de 1990: Eduardo Casar preside el jurado, en el que también están Manuel Ulacia y Malena Mijares; en la última foto, abrazo a Ricardo Cayuela en la fiesta que siguió a ese examen, aquel mismo día de hace veinticinco años exactos.

Más sobre Contra la fotografía de paisaje en este blog:
Resumen de su contenido, http://bit.ly/1HzF8oV
Por qué el título, http://bit.ly/1xS2jpo
Una reseña (dos veces) generosa, http://bit.ly/1MLwY1V
La foto de portada, http://bit.ly/1BwLVfM