domingo, 14 de abril de 2019

Oriundos ya está en Asiego

El primer ejemplar de Oriundos llegó esta semana a Asiego de Cabrales, aldea de los Picos de Europa donde nacieron los personajes principales de mi libro. Gracias a Javier Niembro Fernández, quien también aparece en sus páginas –y es nieto de Guillermina, la mujer más entrañable del pueblo por los días en que frecuenté Asiego mientras viví en Asturias–; gracias a él por recibir tan generosamente ese primer ejemplar. (En la imagen superior, página de Oriundos donde aparece y se comenta el óleo que el pintor asturiano Tejerina pintó en los años setentas en Asiego de Cabrales.)

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Oriundos en este blog:
La edición, https://bit.ly/2ES60qb
El arroz Covadonga, https://bit.ly/2IxEVe8
Santos, 1923, https://bit.ly/2CGCxir
Antonio Poo, https://bit.ly/2zgKjzi

Más sobre Cabrales (Asturias) en Siglo en la brisa:
Árbol genealógico, http://bit.ly/KOKiw8
En la boda de Lola y Félix, https://bit.ly/2yIiLCK
Retratos asturianos, https://bit.ly/2KnktdZ
Autógrafos remotos, https://bit.ly/2KpuLgW





viernes, 5 de abril de 2019

El rapto en el serrallo, 1

Esta vez Sergio me ha pedido que escriba un gran monólogo en trece partes para sustituir los diálogos sin música que dan estructura dramática al primer Singspiel de Mozart, El rapto en el serrallo. Como hizo ya mi amigo director teatral en una ocasión, en el año 2000, cuando se propuso hacer lo necesario para que el público entendiera plenamente lo que ocurría delante de sus ojos, Sergio ha sustituido las escenas en lengua alemana que, en la versión original de la ópera, alternan con los números musicales, por unos textos que tienen la función de guiar a los espectadores a través de cuanto sucede en el escenario.
Aquella vez de hace casi veinte años, cuando montó en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México el más famoso Singspiel mozartiano, La flauta mágica, Sergio inventó un personaje que tenía la función de encarnar, como le gustaba decir entonces, “el espíritu de la narración”. Aquel espíritu sacado de su ingenio, el cual circuló entre los cantantes y a través de las escenas de ese montaje, fue personificado por Sasha Sökol, quien dijo una serie de textos que yo escribí.
Ahora, dos décadas después, Sergio se ha aprovechado de una peculiaridad de El rapto en el serrallo: el que el Bajá Selim, personaje sobre el cual funciona el engranaje de la historia, y no sólo eso, sobre quien se produce el giro dramático final, no tiene un papel cantado. Así, será ese personaje quien, en esta nueva producción que va a estrenarse el próximo 5 de junio en el Teatro del Bicentenario de León, Guanajuato, con el director concertador Antoni Ros-Marbà al frente de la Camerata de Coahuila, va a relatar al público, en español, entre la obertura y las arias, los duetos, tríos, cuartetos y coros, los detalles de la historia necesarios para su pleno disfrute y entendimiento.
Me entusiasma que Sergio Vela, el más importante director de escena mexicano especializado en ópera, cuente de nuevo conmigo para formar parte de su equipo creativo, entre gente de genuina cepa teatral como Violeta Rojas, Ruby Tagle o Paulina Franch, y me permita gracias a ello trabajar en su versión de esta vieja y siempre nueva e invariablemente exitosa ópera de Mozart, al lado de la bailarina Casilda Madrazo, el Ensamble de Percusiones Tambuco y el Grupo Segrel, agrupaciones que encabezan respectivamente Ricardo Gallardo y Manuel Mejía Armijo.
Ricardo Gallardo y Manuel Mejía Armijo, respectivamente líderes
del Ensamble de Percusiones Tambuco y Grupo Segrel.
El martes pasado se llevó a cabo la segunda sesión de trabajo, en el estudio de Ricardo Gallardo en Coyoacán. Uno de los dos propósitos de la reunión era que el talentoso actor francés Nicolás Sotnikoff, quien encarnará al Bajá Selim, leyera por vez primera las más de veinte cuartillas que he escrito especialmente para esta puesta en escena. 
Dado que una de las singularidades (y audacias) de esta nueva producción de la gozosa ópera de Mozart es la de intercalar música de cuño antiguo y oriental entre los números musicales de Mozart, el otro objetivo de la reunión era que los líderes de Tambuco y Segrel hicieran sonar los primeros tratamientos de la música mayormente turquesca y con instrumentos antiguos que interpretarán cada vez que aparezca en escena el Bajá Selim. Tomé un puñado de fotos informales y espontáneas, y las comparto ahora, a manera de pequeño aperitivo, con quienes siguen este blog.
Sergio Vela y Nicolás Sotnikoff.
Manuel Mejía Armijo.
Ricardo Gallardo y Casilda Madrazo.
Parte del equipo creativo de El rapto en el serrallo: Manuel Mejía Armijo, Nicolás Sotnikoff, Casilda Madrazo, Sergio Vela (director), Ruby Tagle, Paulina Franch, quien esto escribe y Ricardo Gallardo.

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Más teatro en Siglo en la brisa:
Sobre Medea de Heiner Müller, https://bit.ly/2VjnRfG
La Ruta del Teatro, http://bit.ly/2DudbC1
La colaboración, de Sergio Vela, http://bit.ly/2onOobd
Textos para La mujer sin sombra de Richard Strauss, http://bit.ly/1IraPP6
La Orestiada de José Solé, https://bit.ly/2FLXAQk
Sobre una línea de Medea de Eurípides, http://bit.ly/2oE0MFe  
La lengua de La Celestina, a escena, http://bit.ly/2pjD0RK
El día que fui el Narrador, http://bit.ly/2rCRdqg



viernes, 29 de marzo de 2019

Acontecimiento en mi terraza

No tengo imágenes del primer momento, cuando advertí un pequeño grumo de vellos grises que me hizo pensar en una excrecencia o un parásito. Un par de días después, cuando el alarmante apéndice se había convertido en un tallo definido y saludable, mandé una foto a mi amigo Alberto Kalach, quien me contestó que me preparara para presenciar, probablemente aquella misma noche, el nacimiento de una gran flor. Entonces me dediqué a vigilar el acontecimiento.
No es cualquier planta el pequeño cactus que vive en mi terraza. Posee, de entrada, una cierta alcurnia académica: fue un regalo hecho por mi amigo Israel Ramírez, de El Colegio de San Luis, cuando estuve en la ciudad potosina en abril de 2017 para asistir a la inauguración del Fondo Bibliográfico Ramón López Velarde que él encabeza y dar una plática sobre “El sueño de los guantes negros”, el extraordinario poema velardiano al cual dediqué un extenso capítulo de mi libro Ni sombra de disturbio (2014). Al final de la charla, quizás porque expresamos nuestra admiración por los inmensos cactus que asolean sus perfiles en el espacio central de la sede de aquella institución académica, Israel nos llevó a su cubículo y nos regaló la pequeña planta, metida todavía en el plástico negro con que había llegado de un vivero. 
29 de abril de 2017. Aeropuerto de San Luis Potosí. Foto: FF
El cactus había sobrado de un obsequio navideño del Colegio a sus maestros y alumnos, y aguardaba junto a la ventana del despacho de mi amigo junto a algunos de sus congéneres a la espera de su respectiva adopción. Al día siguiente, en el aeropuerto, Daniela y yo tuvimos que defender que viajara en cabina con nosotros, cosa que conseguimos después de una agria discusión con el encargado de la línea aérea, quien probablemente consideró que podríamos utilizarla como arma para secuestrar el avión.
Parapetada naturalmente para resistir la contaminación y el polvo, la planta pareció desde el principio sentirse cómoda en la ciudad. La tuve primero en la terraza de mis sábilas, donde se repuso del trajín del viaje, durante el cual, a pesar de los cuidados, había perdido algunos hijuelos que llevaba adheridos como pequeños satélites. No mucho después la mudé a una maceta más grande y apropiada, y luego todavía la cambié de lugar y la hice formar parte de una pequeña hilera de otras plantas, llenas todas de historias y evocaciones gratas para mí. Los hijuelos terminaron creciéndole alrededor hasta conformar esa especie de colonia de pequeños domos cactáceos, respectivamente armados de espinas punzantes y simétricas, que conforman la planta de los días actuales.
El cactus regalo de Israel Ramírez, de El Colegio de San Luis.
Aspecto de los días actuales.
La flor de belleza perfecta que efectivamente acabó brotando, no exactamente cuando dijo Kalach sino al día siguiente, vivió sólo unas horas. Abrió en algún momento de la noche del domingo 24 de marzo y alcanzó el clímax el lunes 25, hacia las doce del mediodía. Para la noche del mismo lunes había perdido su lozanía y anunciaba ya su irremediable declive. Eso sí: aquel día, 25 de marzo de 2019, durante un lapso de tiempo que coincidió con el máximo esplendor solar, brilló perfectamente tensa, vertical y magnífica. Me asomé todas las veces que pude: a admirarla, por supuesto, y a tomarle fotos. A continuación, una secuencia entresacada de las muchas que le hice: la primera es del sábado 23; es la misma que mandé originalmente a Kalach y publiqué en mi página de Facebook anunciando el inminente suceso. La última fue hecha al mediodía del miércoles 27, cuando di por concluido el fenómeno.

Sábado 23 de marzo. 14:55 horas.
Domingo 24 de marzo. 12:16 horas.
Domingo 24 de marzo. 15:48 horas.
Lunes 25 de marzo. 00:18 horas.
Lunes 25 de marzo. 10:38 horas.
Lunes 25 de marzo. 12:30 horas.
Lunes 25 de marzo. 13:21 horas.
Lunes 25 de marzo. 16:27 horas.
Lunes 25 de marzo. 18:45 horas.
Lunes 25 de marzo. 23:55 horas.
Martes 26 de marzo. 9:21 horas.
Martes 26 de marzo. 13:19 horas.
Miércoles 27 de marzo. 13:26 horas.
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Más naturaleza urbana en este blog:
Primera floración, http://bit.ly/2lx4qP5
Dracaena fragranshttp://bit.ly/2lx4qP5
Madrina. Foto: FF
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El gomero de Plaza San Martín, http://bit.ly/1FZKBkM
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