viernes, 19 de agosto de 2016

Tres poemas inéditos de Gerardo Deniz

El año pasado, por intermediación del dramaturgo David Olguín, entré en contacto con Manuel Aznar Soler, el conocido estudioso del exilio español, experto en Max Aub y Ramón María del Valle-Inclán, quien dirige Laberintos (revista de estudios sobre los exilios culturales españoles). 
Aznar Soler me comunicó que estaba interesado en incluir, en un número dedicado al exilio en México que preparaba su revista, algún trabajo inédito de Deniz. Yo le envié tres poemas, junto con una selección de fragmentos de conversaciones grabadas con Juan Almela en los que el poeta hispanomexicano se refiere precisamente al exilio. 
El número, que está ya en circulación (mayormente en línea: la liga, al calce), incluye un amplio Homenaje a México que tiene como objetivo conmemorar los 75 años del inicio de la diáspora española que se cumplieron en 2014. Entre los muchos materiales reunidos en las más de 350 páginas que la voluminosa revista dedica al tema, aparecen ensayos sobre Vicente Rojo, José de la Colina o Gilberto Bosques, entre otros exiliados o personajes involucrados en el exilio, y a temas como los poemas mexicanos de Giner de los Ríos o el último estreno de La sangre de Antígona de José Bergamín. La entrega incluye un dossier de casi cien páginas de homenaje a la escritora Angelina Muñiz-Huberman.
La semana pasada visité a Angelina porque los editores de la revista me enviaron un ejemplar impreso, de los pocos que se hicieron en papel, en el paquete de los que le mandaron a ella. También por otro motivo: la autora de Morada interior, que este año cumple 80 años, y yo, empezamos a preparar una entrevista sobre sus libros más recientes para mi programa de radio.
Aquí los tres poemas inéditos de Deniz que acaban de publicarse en España. Los reproduzco como una manera de celebrar los 82 años que nuestro querido amigo poeta hubiera cumplido el domingo pasado.


Tres poemas inéditos
Por Gerardo Deniz  poetaentes  ros men incluir  icarse en España. Sone hubiera cumplido esta semana.umple 80 añosexilio (y que manexilio mexicano

1. Secreto
Ponderan mi memoria de cosas variadas
(—Tiene usted una memoria felicísima,
me dijo a mis diecisiete un viejo químico),
pero el secreto que sólo yo conozco
es que más y mejor recuerdo todo
lo que atañe a cierto olfato y cierto tacto
(no hablo de zonas erógenas pues son el cuerpo entero),
y que estos rastros mnémicos
me asaltan a mano armada en mil circunstancias.
De pronto mi órgano de Jakobson, mis manos y lo demás
despiertan, desvergonzados y simultáneos,
ante la estantigua de las ausencias,
quienes, por si fuera poco, cargan a la espalda
sentimientos, palabras, preguntas sin respuesta o respondidas,
más toda la tramoya necesaria
para seguir existiendo sin perder lo existido
que siempre concluyó de igual manera,
pero dejando todos los detalles tragicómicos.
Huellas dactilares, indicios de ADN,
parafernalia caduca, pero ello,
lo puedo asegurar, no tiene gracia ninguna.

2. Preparativos
Me preocupa (entre otras quisicosas) pensar,
ahora que me quede ciego,
qué voy a hacer con la mesa de billar que traigo dentro de la cabeza
cuando rueden por ella
(y a oscuras)
cisticercos, pezones lisos como caramelos chupados,
canicas, avellanas, vólvoces (gónadas), burbujas de chicle, oes
y hasta una que otra piedra de la locura.

(No) vamos a ver qué pasa.

3. Sintomatología
Esto va de mal en peor.
Hace unas horas te encontré en una pieza de Scriabin
que, por tanto, en adelante será tuya.
En mi poblacho habrá esta noche una luz
y en adelante continuarán siendo más, bien lo sé:
son las metástasis que sin querer desparrama tu existencia.
No sólo por el andar se denunció la diosa.
Es ello, estoy seguro.
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El número 17 de Laberintos puede consultarse y leerse en el siguiente enlace: http://bv.gva.es/documentos/lab17.pdf

Los retratos de Angelina Muñiz-Huberman y de Manuel Aznar Soler que aparecen en este post provienen de internet. El de Angelina Muñiz-Huberman está en http://bit.ly/1pPfjwJ. El retrato de Deniz es de Amaranta Chávez, y es del día que el poeta visitó la EME. El resto de las fotos son mías, hechas todas con mi teléfono celular.

Más sobre Gerardo Deniz en Siglo en la brisa:
De marras, primeras imágenes, http://bit.ly/1tsZo8J
Quince razones para asomarse a De marras, http://bit.ly/2bmYunI
Deniz en Buenos Aires, http://bit.ly/1N37oAb
En sus 80 años, http://bit.ly/1sDZm8f
Una vida con el Fondo de Cultura Económica, http://bit.ly/1TNgNSM
Noticias “recientes”, http://bit.ly/V95VkF
Sobre Red de agujeritos, http://bit.ly/12RrW9H
Cómo y cuándo nació el seudónimo, http://bit.ly/1RTMiXd




viernes, 12 de agosto de 2016

Juan de Mairena (fragmentos)

Con más gusto que nunca, en marzo pasado releí el Juan de Mairena de Antonio Machado. Lo hice, como las veces anteriores, en los dos tomitos que compré en 1984 para la clase de introducción a la filosofía del malhadado Sebastián Lamoyi (Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo, Losada, Sexta Edición, Buenos Aires, 1977).
Al revés de como hice antes, he marcado con lápiz los pasajes que me hicieron pasarla en grande, ya sea reflexionando o riendo, en ocasiones a carcajadas, aprendiendo siempre. A continuación, un puñado de esos pasajes, para deleite de quienes siguen este blog.
Los temas: la benevolencia, como parte esencial de la crítica; una ocurrente defensa de la ingesta alcohólica; la metafísica que es propia del poeta, sobre todo en comparación con la del filósofo; la hazaña de la objetividad y el invento y la función de los relojes; la juventud y la vejez; la coexistencia, en todo ser humano, del solipsismo versus la sed de lo otro; la forma de combatir los excesos de la moda artística; la manera en la que se pudren las obras que no publicamos; el camino directo de la expresión de la poesía; el gabán que usaba Mairena.

Juan de Mairena (trece fragmentos)
Por Antonio Machado
Si alguna vez cultiváis la crítica literaria o artística, sed benévolos. Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad del bien, en vuestro caso, deseo ardiente de ver realizado el milagro de la belleza. Sólo con esta disposición de ánimo la crítica puede ser fecunda. La crítica malévola que ejercen avinagrados y melancólicos es frecuente en España, y nunca descubre nada bueno. La verdad es que no lo busca ni lo desea. (Tomo I, página 23.)

Fama de borracho
Mi maestro tenía fama de borracho porque, en ocasiones muy solemnes de su vida –el día de sus esponsales, al recibirse de doctor, en algún ejercicio de oposiciones a cátedras, etc.–, reforzaba su moral, como él decía, o amenguaba la conciencia de su responsabilidad, con frecuentes libaciones. Las gentes se decían: “Este hombre, que diserta sobre Metafísica oliendo a aguardiente de un modo escandaloso, ¿cómo estará cuando no tenga que disertar sobre nada?” Y la verdad era que mi maestro no tenía trato con el alcohol más que en aquellas solemnes ocasiones. Nada intentó mi maestro, sin embargo, para deshacer esta mala opinión, y ello por muchos motivos que a él le parecían otras tantas razones. Primero: porque el alcohol –decía él– forma parte de mi leyenda, y sin leyenda no se pasa a la historia. Segundo: porque conviene que los eruditos del porvenir tengan algo que averiguar que no sea meramente literario. Tercero: por gratitud al alcohol, merced al cual he salido con bien de algunas situaciones difíciles. Cuarto: por respeto y simpatía a gentes nada abstemias que se enorgullecen de contarme entre los húmedos. Quinto: porque mi sequedad no es tan absoluta que pueda jactarme de ella. Sexto: porque, en último término, añade muy poco a la virtud la carencia de vicios.
Y mi maestro seguía enumerando razones, que tanto es la sinrazón fecunda en ellas. De otras, demasiado sutiles, hablaremos mañana. (Tomo I, páginas 129-130.)
Metafísica para andar por casa 
Pero el poeta debe apartarse respetuosamente ante el filósofo, hombre de pura reflexión, al cual compete la ponencia y explanación metódica de los grandes problemas del pensamiento. El poeta tiene su metafísica para andar por casa, quiero decir el poema inevitable de sus creencias últimas; todo él de raíces y de asombros. El ser poético –on poietikós– no le plantea problema alguno; él se revela o se vela; pero allí donde aparece, es. ¿Qué es? ¿Quién la hizo? ¿Cómo se hizo? ¿Cuándo se hizo? ¿Para qué se hizo? Y todo un diluvio de preguntas que arrecia con los años y que se origina no sólo en su intelecto –el del poeta– sino también en su corazón. Porque la nada es, como se ha dicho, motivo de angustia. Pero para el poeta, además y antes que otra cosa, causa de admiración y de extrañeza. (Tomo I, página 141.)


Hazaña de gigantes
… la objetividad, en cualquier sentido que se tome, es el milagro que obra el espíritu humano, y que, aunque de ella gocemos todos, el tomarla en vilo para dejarla en un lienzo o en una piedra es siempre hazaña de gigantes. (Tomo I, página 147.)

Relojes
Sí; el hombre es el animal que usa relojes. Mi maestro paró el suyo –uno de plata que llevaba siempre consigo–, poco antes de morir, convencido de que en la vida eterna a que aspiraba no había de servirle de mucho, y en la Nada, donde acaso iba a sumergirse, de mucho menos todavía. Convencido también –y esto era lo que más le entristecía– de que el hombre no hubiera inventado el reloj si no creyera en la muerte. (Tomo II, página 9.)

Papeles que reparte la vida
Porque en mucho viejo que se tiñe las canas abunda el joven a quien se puso la peluca antes de tiempo. Y es que la juventud y la vejez son a veces papeles que reparte la vida y que no siempre coinciden con nuestra vocación. (Tomo II, página 18.)

No se dialoga porque nadie pregunta
Preguntadlo todo, como hacen los niños. ¿Por qué esto? ¿Por qué lo otro? ¿Por qué lo de más allá? En España no se dialoga porque nadie pregunta, como no sea para responderse así mismo. Todos queremos estar de vuelta, sin haber ido a ninguna parte. (Tomo II, página 18.)

Relojes, 2
Nuestros relojes nada tienen que ver con nuestro tiempo, realidad última de carácter psíquico, que tampoco se cuenta ni se mide. (Tomo II, página 21.)

Nostalgia de lo otro
El hombre es el único animal que quiere salvarse, sin confiar para ello en el curso de la naturaleza. Todas las potencias de su espíritu tienden a ello, se enderezan a este fin. El hombre quiere ser otro. He aquí lo específicamente humano. Aunque su propia lógica y natural sofística lo encierren en la más estrecha concepción solipsística, su mónada solitaria no es nunca pensada como autosuficiente, sino como nostálgica de lo otro, paciente de una incurable alteridad. (Tomo II, página 28.)

El gabán de Mairena
Juan de Mairena usaba en los días más crudos del invierno un gabán bastante ramplón, que solía llamar la venganza catalana, porque era de esa tela, fabricada en Cataluña, que pesa mucho y abriga poco. La especialidad de este abrigo –decía Mairena a sus alumnos– consiste en que, cuando alguna vez se le cepilla para quitarle el polvo, le sale más polvo del que se le quita, ya porque sea su paño naturalmente ávido de materias terrosas y las haya absorbido en demasía, ya porque estas se encuentren originariamente complicadas con el tejido. Acaso también porque no sea yo ningún maestro en el manejo del cepillo. Lo cierto es que yo he meditado mucho sobre el problema de la conservación y aseo de este gabán y de otros semejantes, hasta imaginar una máquina extractora de polvo, mixta de cepillo y cantárida, que aplicar a los paños. Mi aparato fracasó lamentablemente por lo que suelen fracasar los inventos para remediar las cosas decididamente mal hechas: porque la adquisición de otras de mejor calidad es siempre de menor coste que los tales inventos. Además –todo hay que decirlo­– mi aparato extractor extraía, en efecto, el polvo de la tela; pero la destruía al mismo tiempo, la hacía –literalmente– polvo.                         
Pero voy a lo que iba, señores. Con este gabán que uso y padezco alegorizo yo algo de lo que llamamos cultura, que a muchos pesa más que abriga y que, no obstante, celosamente quisiéramos defender de quienes, porque andan a cuerpo de ella, pensamos que pretenden arrebatárnosla. ¡Bah! Por mi parte, en cuanto poseedor de semejante indumento, no temo el atraco que me despoje de él, ni pienso que nadie me dispute el privilegio de usarlo hasta el fin de mis días. (Tomo II, página 31.)

Para combatir los excesos de la moda
Sed hombres de mal gusto. Yo os aconsejo el mal gusto, para combatir los excesos de la moda. Porque siempre es de mal gusto lo que no se lleva en una época determinada. Y en ello encontraréis a veces lo que debiera llevarse. (Tomo II, página 44.)

Lo inédito
Yo nunca os aconsejaré que escribáis nada, porque lo importante es hablar y decir a nuestro vecino lo que sentimos y pensamos. Escribir, en cambio, es ya es la infracción de una norma natural y un pecado contra la naturaleza de nuestro espíritu. Pero si dais en escritores, sed meros taquígrafos de un pensamiento hablado. Y nunca guardéis lo escrito. Porque lo inédito es como un pecado que no se confiesa y se nos pudre en el alma, y toda ella la contamina y corrompe. Os libre Dios del maleficio de lo inédito. (Tomo II, página 48.)

El lenguaje de todos
Sabed que en poesía –sobre todo en poesía– no hay giro o rodeo que no sea una afanosa búsqueda del atajo, de una expresión directa; que los tropos, cuando superfluos, ni aclaran ni decoran, sino complican y enturbian; y que las más certeras alusiones al humano se hicieron siempre en el lenguaje de todos. (Tomo II, página 48.)

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El célebre retrato de Machado es del fotógrafo Alfonso; fue hecho el 8 de mayo de 1934, en el café de las Salesas de Madrid. 

Salvo la que abre esta entrega de Siglo en la brisa, las imágenes de las portadas de las más diversas ediciones de Juan de Mairena que ilustran este post, proceden de internet.

Más sobre Antonio Machado en este blog:
Machado, Alberti y una rara edición de Rimbaud, http://bit.ly/2b9toyU
Machado recuerda a Pablo Iglesias, http://bit.ly/1RRIecM
Machado en el recuerdo de Moreno Villa, http://bit.ly/232fwLo
La rima según Antonio Machado, 
http://bit.ly/1U6LTWV