lunes, 1 de abril de 2013

Duverger visto por Pérez-Amador Adam


Mi amigo el notable especialista en temas virreinales Alberto Pérez-Amador Adam aceptó mi invitación a leer y comentar Crónica de la eternidad (Taurus, 2013), el libro de Christian Duverger que atribuye a Hernán Cortés la autoría de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.
Unos quince días después de verlo para entregarle en persona el libro, publicó sus comentarios sin aviso de por medio en su página de Facebook. En cuanto me enteré le propuse compartirlos con los lectores de Siglo en la brisa, pero él me contestó que con ese texto acababa de inaugurar su propia página en la red. Yo insistí en reproducirlo precisamente como una manera de celebrar la aparición de su blog. Apasionado sorjuanista, excepcional conocedor de la obra de Jorge Cuesta, hombre refinado y de una gran sensibilidad, Alberto Pérez-Amador Adam no sólo ha denunciado permanentemente la destrucción de nuestro patrimonio, en especial del legado del Virreinato, sino que ha sido un crítico de los usos y costumbres de México y el resto de Hispanoamérica que tanto nos alejan de la civilización.
En ese sentido es que me explico que haya tomado el título de su cuaderno en línea, Los caracteres del estrago, de un verso del Primero sueño del que por cierto también echó mano Octavio Paz. Entre sus obras recientes destacan el libro al que alude él mismo más abajo, De finezas y libertad. Acerca de la Carta Atenagórica de Sor Juana Inés de la Cruz y las ideas de Domingo de Báñez (FCE, 2011), y su espléndida edición de La Octava Maravilla, el poema guadalupano de Francisco de Castro que no había visto la luz desde 1729, cuando fue publicado por vez primera unos cincuenta años después de que fue escrito (FCE, 2012).


Como puede esperarse y se comprobará más abajo, su aproximación al libro de Duverger dista mucho de ser la de un lector común: además de ser un perfecto resumen de las razones de la polémica atribución, sobre todo en lo tocante a la dificultad de que un hombre del perfil de Bernal Díaz del Castillo pudiera escribir la portentosa obra, Alberto nos pone al tanto de lo que sucedía en la Nueva España en los años posteriores a la muerte de Cortés, aportando lo que él mismo sabe como experto en el tema, y del papel que entonces jugó Martín, el hijo del conquistador y segundo Marqués del Valle. 

Si durante los últimos años el prestigio de Duverger se ha visto eclipsado sobre todo porque sus imaginativas teorías de cuando en cuando se despegan de la realidad e incluso echan mano de argumentos claramente refutados —como ocurrió con su biografía de Cortés (Taurus, 2005; véase la reseña que está en http://bit.ly/YFYReh)—, su nuevo libro ha tenido el mérito de proponer la discusión de algunos temas que conviene tener presentes, entre otras cosas la imagen que tenemos del conquistador de México. 
¿Qué pasaría si el espantable personaje al que la historia oficial ve con ojos recelosos fuera también el autor de una obra que admiramos unánimemente? Alberto Pérez-Amador Adam piensa que la teoría de Duverger es fascinante pero que carece de documentos que la prueben: también, que deberá ser refutada por los especialistas más allá de las conversaciones informales y las notas apresuradas de periódico con que solemos responder a las cuestiones más importantes. Como él, también yo estoy a la espera de que eso suceda.


Méritos de la teoría de Duverger
Por Alberto Pérez-Amador Adam
Mi amigo Fernando Fernández me dio hace dos semanas el polémico libro de Christian Duverger Crónica de la eternidad. ¿Quién escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España? Le prometí mi opinión, que comparto con todos por el interés que está provocando el libro. El tema me interesó por haberme ocupado de la época, pero en otro contexto: Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca.
De tal modo, muchos datos me eran conocidos, aunque no soy ni especialista en Bernal Díaz ni en Hernán Cortés. 
Para iniciar, la teoría: la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España es, según Duverger, obra no de Bernal Díaz de Castillo sino de Hernán Cortés, escrita al final de su vida, cuando vivía en Valladolid, había formado una Academia de Letrados que lo frecuentaban, y Gómara, su secretario particular, escribía la historia de la Conquista. La explicación que da Duverger es que los escritos de Cortés (las Cartas de Relación) fueron prohibidos y recogidos, y el Emperador no sólo desatendió sus peticiones sino ordenó un Juicio de Residencia.
La teoría dice que, entonces, Cortés dicta a Gómara para que escriba su magna obra y paralelamente Cortés escribe una crónica anónima, que será la Historia verdadera, para que la opinión de un “conquistador anónimo”, testigo ocular, respalde lo redactado por Gómara y no hubiese duda de los méritos de Cortés. Terminadas las dos obras, Cortés pretende regresar a México pero poco antes de embarcarse muere de anciano. El manuscrito de Gómara se publica y reedita antes de prohibirse. El manuscrito “anónimo” (la Historia verdadera) queda inédito, pero es entregado al muy joven Martín, hijo de Hernán Cortés y heredero del marquesado del Valle de Oaxaca.
Muchos años después, en 1563, el segundo Marqués Martín Cortés regresa a Nueva España, que había dejado en 1540 a los 8 años, junto con su hermano Martín el mestizo (el hijo de doña Marina) y Luis, otro medio hermano. 
Al momento de regresar a Nueva España, 1563, encuentran un general malestar entre la nobleza novohispana por la aplicación de las Leyes Nuevas de Burgos de 1542, que suspenden las encomiendas en tercera generación para evitar la creación de feudos y para proteger a la población autóctona. En 1564 muere el virrey Luis de Velasco y el Ayuntamiento nombra a Martín Cortés como Capitán General. El nombramiento lo enfrenta con la Audiencia, pero tiene el apoyo de la nobleza novohispana. Es entonces que, como Capitán General, solicita a Castilla la suspensión del puesto de virrey, dejando el gobierno en sus propias manos. Simultáneamente sucede el famoso sarao en el Palacio de los Ávila con la representación de la Conquista, donde Martín hace el papel de “Hernán Cortés” y Alonso de Ávila el papel de “Moctezuma” entregándole la Corona de la Nueva España a “Hernán Cortés”.
Esto sucede en el marco de las festividades por el bautizo de sus mellizos a finales de junio / inicios de julio de 1566. El 16 de julio el segundo Marqués, sus hermanos, los hermanos Ávila y muchos otros nobles novohispanos son aprehendidos, pues se ha descubierto una conjura para llevar a la realidad lo que se había representado: coronar a Martín Cortés como Rey de la Nueva España, romper el pacto de lealtad jurado a la Corona de Castilla y suspender las Leyes Nuevas de Burgos de 1542. Pocos días después llega el cadáver de Hernán Cortés a México. Parece ser que se había esperado la llegada del cadáver para deponer a la Audiencia y coronar a Martín Cortés. Es decir, por unos pocos días se frustró la conjura.
Los hermanos Cortés, los hermanos Ávila y muchos nobles novohispanos son condenados a la muerte. Los Cortés son salvados por la llegada del nuevo virrey Gastón de Peralta, relacionado con el cenáculo de intelectuales vallisoletanos de Hernán Cortés. Los demás nobles novohispanos son decapitados. El palacio de los Ávila es derribado y el solar donde se encontraba el palacio es cubierto de sal para marcar que nada debe volver a crecer ahí. (El solar de los Ávila estuvo en República de Guatemala y República de Argentina, donde ahora se encuentra la zona arqueológica del Templo Mayor.) El manuscrito de la Historia verdadera es escondido en Guatemala como consecuencia de la persecución que sufren todos los novohispanos relacionados con la conjura. Ahí se le entrega a Bernal Díaz.) 
Años después, su hijo, para lograr beneficios altera el manuscrito para adscribirlo a su anciano padre (alteraciones identificables en el texto). Lo manda a España. Ahí se archiva. Años después se encuentra y el editor lo revisa y altera (también estas alteraciones han sido identificadas). Ésta la teoría y explicación de Duverger. La idea es fascinante y explica muchas cosas. Pero no hay documentos que la prueben. 
Con seguridad habrá un debate alrededor de su teoría. Dos méritos indudables del libro son: 1. presentar las contradicciones del manuscrito; 2. llamar la atención sobre la importancia para la cultura mexicana de la presencia del segundo Marqués del Valle, Martín Cortés. Las contradicciones eran conocidas, pero Duverger las sistematiza: ¿Cómo es que un “simple” soldado cite autoridades latinas, griegas, literatura italiana y francesa, utilice giros lingüísticos propios del latín, utilice un vocabulario que Nebrija calificó de extremamente culto y que coincide, en buena parte, con las Cartas de Relación, y utilice galicismos que revelan el conocimiento parcial del francés o un cierto contacto con él? 
¿Cómo es posible que los sucesos relatados coincidan exactamente con la crónica de Gómara cuando, se sabe, la memoria de dos testigos es muy diferente? ¿Cómo se explican giros que coinciden con las Cartas de relación las cuales no pudo leer Bernal en las selvas de Guatemala si estaban prohibidas desde hacía años en España? ¿Cómo se explica que utilice recursos retóricos propuestos por Cicerón siendo un “simple” soldado y no un universitario salmantino como Cortés? Etc., etc. etc. Las contradicciones son muchísimas y su enumeración termina por convencer de que Bernal no pudo ser el autor de esa obra. Al respecto del segundo mérito: el libro marca la importancia de la presencia del segundo Marqués del Valle de Oaxaca, Martín Cortés y todo el problema de la Conjura de los hermanos Ávila.
El asunto llama la atención y nos obliga a leer con otros ojos obras como el Cancionero de Baria Poesía (donde hay poemas de Martín Cortés) o las obras del ciclo cortesiano (los grandes poemas épicos sobre la conquista de México de Lasso de la Vega, de Antonio de Saavedra Guzmán o elucubrar sobre la desaparición / pérdida del gran poema cortesiano de Francisco de Terrazas). El caso nos impone releer las obras de Francisco Cervantes de Salazar, que participó del cenáculo vallisoletano de Hernán Cortés antes de viajar a Nueva España, donde escribe una Crónica incompleta de la Conquista de la Nueva España y es cercano de Martín Cortés. El caso nos obliga a replantearnos la posición de la Universidad de México y los grandes escritores relacionados con su fundación: Francisco Cervantes de Salazar, Alonso de la Veracruz, Eugenio de Salazar, relacionados con Martín Cortés.

El caso nos obliga a replantear la historia y vemos que los sucesos de 1571 no son consecuencia de la Junta Magna, sino que, con gran probabilidad, la Junta Magna es consecuencia de la Conjura de 1566. Repito: no soy especialista ni en Bernal ni en Cortés. Tan sólo puedo decir que la argumentación alrededor de las contradicciones de la obra me parecen muy sólidas y convencen de que, definitivamente, Bernal no puede ser el autor de la Historia verdadera.
Tan sólo puedo decir que tenemos que repensar la historia de México y la literatura en relación con los problemas de la Conjura porque el problema se proyecta sobre el conflicto de Montúfar con los franciscanos, la llegada de la Inquisición y los jesuitas, el conflicto de dominicos y jesuitas (recuérdese el problema que tuvo Palafox y Mendoza, y, según la teoría que desarrollé en mi último libro sobre Sor Juana, el conflicto de jesuitas y dominicos en relación con la Carta Atenagórica).
El problema de la nobleza novohispana y la conjura se proyecta, en realidad hasta los jesuitas ilustrados y, en última instancia, hasta la Independencia: en 1810 los españoles americanos logran lo intentado en 1566: hacerse del poder de México y romper el pacto de fidelidad con la Corona de Castilla. 

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Los retratos de Alberto Pérez-Amador Adam proceden de su página de Facebook. La imagen que abre este post es la misma que él utiliza en su blogLos caracteres del estrago, que está en http://phaetonte.blogspot.mx/. Ésta es la presentación que escribe él mismo: “Reflexiones sobre literatura, música, pintura y ópera de alguien que es extranjero en todas partes sin haber nunca abandonado la torre de marfil. El título del blog proviene de Sor Juana. El fragmento dicta: “(...) al ánimo arrogante / que, el vivir despreciando, determina / su nombre eternizar en su ruina. / Tipo es, antes, modelo: / ejemplar pernicioso / que alas engendra a repetido vuelo, / del ánimo ambicioso / que -del mismo terror haciendo halago- / que al valor lisonjea, / las glorias deletrea / entre los caracteres del estrago.” (Sor Juana: Primero Sueño)

El retrato de Christian Duverger lo tomo prestado de la página en la red del periódico El Universal, que lo acredita como parte de su archivo aunque sin especificar autoría. La imagen del Templo Mayor es de la Nueva Guía del Centro Histórico, que está en http://guiadelcentrohistorico.com/, donde aparece sin decir quién es su autor.


La imagen del encuentro de Cortés y Moctezuma es de José Guadalupe Posada y pertenece a la serie que el artista desarrolló para los Hermanos Maucci, editores. Tomo la imagen de la preciosa colección que puede verse en la página dedicada al tema por la Universidad de Hawaii, que está en http://bit.ly/cuZ6Ds

Entre otros estudios, Christian Duverger es autor de un imaginativo y provocador trabajo sobre el sacrificio humano y la antropofagia llamado La flor letal. Economía del sacrificio azteca publicado por lo menos en dos ediciones por el FCE.

Lee sin salir de este blog:
Bernal Díaz del Castillo según Mario González Suárez, http://bit.ly/ZrnN7P
¿Qué estás leyendo en este momento?, http://bit.ly/103lOKo
Ruinas de Antigua, http://bit.ly/Ub423w





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