viernes, 12 de septiembre de 2014

Un retrato afortunado de Octavio Paz


No diré que fuimos nosotros quienes descubrimos la foto, de cuya existencia nos enteramos en las páginas de Las palabras del árbol de Elena Poniatowska (Plaza y Janés, México, 1998), libro en que se presentaba como parte del archivo de la revista Siempre, pero sí puedo aventurar la hipótesis de que fue Viceversa la publicación que vio por vez primera las enormes posibilidades que tenía como material de portada (y de divulgación). Nunca hubiera llegado a esta proposición de trabajo si no fuera por la enorme fortuna de que ha gozado, particularmente a últimas fechas, el retrato que Enrique Díaz le hizo a Octavio Paz en 1938. Durante los últimos años hemos visto que los editores de libros, revistas, carteles y folletos que se ocupan de Paz recurren a esa imagen una y otra vez: una de las más recientes, Debolsillo, que hace sólo unos meses la puso al frente del libro Octavio Paz. El poeta y la revolución, de Enrique Krauze. La foto es insuperable, es cierto, y debe de gozar de la aceptación de la viuda del poeta, que suele vigilar qué retratos de Paz son los que se publican, a veces con celo excesivo.
En julio de 1998, a menos de tres meses de la muerte de Paz, apareció en la portada del número 62 de Viceversa, en el que puede leerse el ensayo “Itinerario de un poeta” de Armando González Torres (sobre el que Héctor Iván González le preguntaba a Armando en el número del mes pasado de la revista Este País). El número incluye la respuesta de Jaime Labastida, actual Director de la Academia Mexicana de la Lengua, a la pregunta que le hizo Viceversa sobre las razones que le hicieron aceptar la dirección de la revista Plural, una vez que Octavio Paz renunció a ella en solidaridad con Julio Scherer después del golpe a Excélsior.
Tan entusiasmados estábamos con la foto del Paz veinteañero, que nos proporcionaba una imagen inusitada del escritor que acababa de morir, que nos pareció buena idea acompañarla de un texto que le hiciera justicia, por lo que se la mandamos al poeta Francisco Hernández para que escribiera lo que se le ocurriera sobre ella.

A continuación insertamos una foto de Octavio Paz anciano, de Ulises Castellanos, y se la mandamos a Jaime Moreno Villarreal para que la comentara a su vez. 
Esta entrega de Siglo en la brisa tiene dos propósitos: recuperar el texto de Francisco Hernández, llamado "Poetografía", y mostrar una antología de ediciones y objetos promocionales más o menos recientes que se han servido de la imagen.

Poetografía
Por Francisco Hernández
Los cabellos al aire como flamas, la inteligencia vuelta una mirada. El nudo en la garganta sin asfixia y la frente sin cera, a barlovento.
El corazón cuadriculado luce, brota la barba pareciendo rala. Cien versos cruzan la pared antigua. El sol entre los poros es de agua.
¿Se habrá secado la higuera de Mixcoac?, pregunta el tiempo. Los cabellos contestan en silencio. Tiembla entonces la imagen: la nada se finge perseguida y en el encuadre de la espera, la juventud de nuevo resucita.
Junio 8 de 1998 
(Tomado de Viceversa, número 62, julio de 1998)

Selección de imágenes
He aquí una selección de portadas, carteles y folletos promocionales, todos tomados de internet, que utilizan la imagen de Enrique Díaz. La ficha de la foto puede leerse al calce de este post.








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La ficha de la foto que abre (y motiva) este post es: Enrique Díaz, Retrato de Octavio Paz, México, 1938, Impresión contemporánea, Archivo General de la Nación, Archivo Fotográfico Enrique Díaz, Delgado y García, tema retratos, caja 67, subcaja 2. La tomo prestada de la red.
La foto de Julio Scherer rodeado de sus compañeros periodstas, corresponde a la salida de Excélsior, el 8 de julio de 1976, y es de Juan Miranda.

Más sobre Viceversa en este blog:
Mis diez portadas preferidas, http://bit.ly/VXMFDt
De Orwell a Trotski a Viceversahttp://bit.ly/SQ5p6V
Viceversa en la historia del diseño gráfico en México: primera parte, http://bitly.com/S5fFHU; segunda, http://bit.ly/XDodtG; tercera, http://bitly.com/Ze9KW8
La revista a 20 años de su fundación, http://bit.ly/1q7lIik

Más sobre Octavio Paz en Siglo en la brisa:
La contestadora automática de Octavio Paz, http://bit.ly/1fCpu0p
El gato que rasguñó a Lévi-Strauss, http://bit.ly/TAg6AJ
Paz en el velorio de Juan Rulfo, http://bit.ly/XJsi1s

viernes, 5 de septiembre de 2014

Curanderos y chamanes de la sierra mazateca


Desde anoche, mi amigo Juan Miranda expone por segunda vez en casi veinte años los retratos que hizo a diecinueve curanderos y chamanes en la tierra de María Sabina. Como ya conté en este espacio, tuve la fortuna de ser el primer editor de ese hermoso ensayo fotográfico. 
El libro, que se llama de la misma manera que este post, apareció en 1997 bajo el sello de la editorial que hacía Viceversa y fue presentado en diversos lugares y ocasiones (la Casa Lamm de la ciudad de México o el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo en Oaxaca, entre otros). La mejor manera de rendir homenaje a ese trabajo, del que vuelve a hablarse estos días, es reproducir algunas de las imágenes que lo conforman. Los curiosos títulos que acompañan los nombres de los curanderos son los de los textos que les corresponden en el libro, cuyo autor es el periodista mazateco Juan García Carrera. La exposición podrá verse en el Museo de Arte Primer Depósito de la ciudad de Guanajuato durante todo el mes de septiembre.

Fidencio Hernández. El succionador generoso

Filogonio García. El guerrero de los hongos alucinantes

Gloria Alvarado Carazo. Gran lectora de huevo y veladora

Herminio González. Maestro en el oráculo de la suerte

Felipe Herrera Caro. El clarividente con barajas

Brígida García. Ella es clarividente con velas

José Luis García. El sacrificador de aves al final del efecto alucinógeno

Marcial “Santos” Estrada. Gran escultor de imágenes religiosas

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Las imágenes de esta entrega han sido escaneadas del libro original por el propio fotógrafo. Aquí la ficha bibliográfica: Curanderos y chamanes de la sierra mazateca, Gatuperio Editores, México, 1997. Con textos de Fernando Benítez, Leonardo da Jandra y Juan García Carrera. Al lado de esta nota, Juan Miranda retratado por Joaquín Ávila. 

Más sobre Juan Miranda en este blog:
Juan Miranda retrata a Octavio Paz en el velorio de Juan Rulfo, http://bit.ly/1euDvXV
Tras la huella de María Sabina, http://bit.ly/1tgmT2F

viernes, 29 de agosto de 2014

El chile de Tobeyo 2/2


La semana pasada conté cómo y dónde conocí la singular historia de Tobeyo. El post estaba conformado por el relato en lengua española que incluyen Alfredo López Austin y Josefina García Quintana en su edición de Historia de las Cosas de Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún, y la explicación general que daba al asunto el antropólogo Ignacio Bernal. Como el tema da para seguir hilando, he decidido dedicar al mismo asunto esta nueva entrega de Siglo en la brisa
Esta vez reproduzco la traducción del náhuatl del mismo relato que hace Miguel León-Portilla, quien ofrece también el texto en lengua original, lo titula “la historia del Tohuenyo” y lo presenta como una narración erótica náhuatl. Don Miguel, que dice que Tohuenyo no es sino una de las formas que adquiere Tezcatlipoca para confundir y vencer a Quetzalcóatl, como también afirma Ignacio Bernal, toma la historia de “los folios del 142 recto, al 144 vuelto” del Códice Matritense del Real Palacio, que reúne los primeros testimonios que recogió Sahagún en las regiones de Tepepulco, Tlatelolco y México a partir de 1547. Mi fuente es el artículo del propio León-Portilla aparecido en Estudios de cultura náhuatl, número 1, 1958, página 8, que se reproduce de manera facsimilar en la red. (El link, al calce de esta entrega.) 
Además de su traducción, don Miguel ofrece una lectura profunda de los significados y las implicaciones de la historia del extranjero huasteco que enamoró a la hija de Huémac, último emperador de Tula, mostrándole la “cosa que le cuelga”, “el pájaro”, “el miembro viril”, según las expresiones utilizadas en su versión. Por si fuera poco, ofrece un valioso glosario de términos que ayudan a comprender mejor todo el asunto. Una muestra interesante, por cierto, es lo que dice sobre la propia voz “tohuenyo”:
Tohuenyo, según Molina: advenedizo o extranjero. La palabra tohuenyo consta de los siguientes elementos: to-: nuestro, huen-tli: ofrenda y el sufijo-yo (tl) que da al sustantivo el sentido colectivo o abstracto. Por tanto, literalmente, to-huen-yo significa “lo que constituye nuestra ofrenda”.
Esto que suena extraño a primera vista se esclarece señalando algo que parece implicado en la evolución semántica esta palabra: eran los extranjeros quienes en un principio constituían la ofrenda que se hacía en los sacrificios a los dioses. Posteriormente la voz tohuenyo, que Sahagún traduce como “indio forastero”, pasó a referirse fundamentalmente a los forasteros huastecos, que entraron en contacto con pueblos de habla náhuatl. Así, en el texto que aquí se da, tohuenyo significa: forastero huasteco. [Hasta aquí la nota.]

La historia del Tohuenyo (fragmento)
Del Códice Matritense del Real Palacio
Traducción de Miguel León-Portilla

Y he aquí otra cosa
que llevó a cabo Titlacahuan,
hizo algo que resultó un portento:
se transformó, tomó rostro y figura de un Tohuenyo.
Andando no más desnudo, colgándole la cosa,
se puso a vender chile,
fue a instalarse en el mercado, delante del palacio.

Ahora bien, a la hija de Huémac,
que estaba muy buena,
muchos de los toltecas
la deseaban y la buscaban,
tenían la intención de hacerla su mujer.

Pero a ninguno hacía concesión Huémac,
a ninguno le daba su hija.
Pues aquella hija de Huémac
miró hacia el mercado,
y fue viendo al Tohuenyo: está con la cosa colgando.

Tan pronto como lo vio,
inmediatamente se metió al palacio.
Por esto enfermó entonces la hija de Huémac,
se puso en tensión, entró en grande calentura,
como sintiéndose pobre
del pájaro –miembro viril– del Tohuenyo.

Y Huémac lo supo luego:
ya está enferma su hija.

Dijo entonces a las mujeres que la cuidaban:
–“¿Qué hizo, qué hace?
¿Cómo comenzó a entrar en calentura mi hija?”
Y las mujeres que la cuidaban respondieron:
–“Es el Tohuenyo, que está vendiendo chile:
le ha metido el fuego, le ha metido el ansia,
con eso es que comenzó, con eso es que quedó enferma.”

Y Huémac, el Señor,
en vista de esto dio órdenes y dijo:
–“Toltecas, búsquese el que vende chile,
aparecerá el Tohuenyo”.

Y luego fue buscado por todas partes.
y como no aparecía nadie,
por esto el heraldo empezó a pregonar
desde el Cerro del Pregón. Dijo:
–“Toltecas, ¿acaso en alguna parte habéis visto al vendedor de chile,
al Tohuenyo? Traedlo acá.
El Señor lo busca”.

Enseguida se hacen pesquisas,
en ninguna parte anda,
revuelven toda Tula
y aunque hicieron todo esfuerzo
no lo vieron por ninguna parte.
Entonces vinieron a comunicar al Señor
que en ninguna parte habían visto al Tohuenyo.
Pero después por sí mismo apareció el Tohuenyo,
no más se vino a instalar
donde había aparecido por primera vez.

Y cuando lo vieron los toltecas,
corrieron a informar a Huémac,
le dijeron:
–“Ya apareció el Tohuenyo”.
A lo cual dijo Huémac:
–“Venga acá a toda prisa”.

Apresurados fueron los toltecas a traer al Tohuenyo,
lo hicieron venir ante el Señor.
Y cuando lo trajeron ante él,
inmediatamente Huémac lo interrogó:
–“¿Dónde es tu casa?”
El otro respondió:
–“Yo soy un Tohuenyo,
ando vendiendo chilito”.

Y el Señor Huémac le dijo:
–“¿Pues qué vida es la tuya, Tohuenyo?
Ponte el maxtle, tápate.”
A lo cual respondió el Tohuenyo:
–“Pues nosotros así somos”.

Dijo luego el Señor: .
–“Tú le has despertado el ansia a mi hija,
tú la curarás”.

Respondió el Tohuenyo:
–“Extranjero, señor mío,
eso no podrá ser.
Mátame, acaba conmigo,
¡muera yo!
¿Qué es lo que me dices?
Si no soy más que un pobre vendedor de chile”.

Entonces el Señor le dijo:
–“Pues no, tú la curarás,
no tengas miedo.”

Y enseguida le cortaron el pelo,
lo bañaron y después de esto
lo ungieron,
le pusieron un maxtle, le ataron la manta.
Y cuando lo dejaron así arreglado,
le dijo el Señor:
–“Mira a mi hija,
allá está guardada”.
y cuando el Tohuenyo entró a verla,
luego cohabitó con ella,
y con esto al momento sanó la mujer.

En seguida, se convirtió el Tohuenyo 
en el yerno del Señor.

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El artículo de Miguel León-Portilla, “La historia de Tohuenyo. Narración erótica náhuatl”, del que está tomado el relato anterior, puede leerse completo en http://bit.ly/WPBa9g

La imagen que abre este post representa a Tezcatlipoca y forma parte del Códice Borgia. El retrato de León-Portilla procede de la página del diario Fuerza del Estado de México, que no aclara autoría (http://bit.ly/1qNGEbJ). La que ilustra la ficha explicativa de la palabra "tohuenyo" es una reprografía de Marco Antonio Pacheco realizada para Editorial Raíces. Al lado de estas líneas, León-Portilla ingresa en la Academia Mexicana de la Lengua en 1962; lo acompañan, Francisco Monterde, director de la institución, y el Padre Ángel María de Garibay K.

Más sobre este tema en este blog:
El chile de Tobeyo(1/2), http://bit.ly/1C9YwGC


Más sobre temas prehispánicos en este blog:
Códice Borgia, lámina 61 (detalle), http://bit.ly/18dkAhk
Códice Laud, http://bit.ly/13dmUao
Madero al teléfono, http://bit.ly/1mQk31O