viernes, 13 de septiembre de 2019

Vicente Leñero describe a Julio Scherer

Mi amiga Mariana Maneiro, de paso nuevamente por México, me escribe para contarme que ha visto mi nombre en un texto de Vicente Leñero. No puedo imaginar en qué contexto pudo traerme a cuento el novelista y dramaturgo mexicano, subdirector de la revista Proceso durante largos años, a quien apenas traté en persona. La cosa se aclara en cuanto mi amiga me envía unas imágenes del libro donde lee el artículo: con ellas en la pantalla de mi teléfono, entiendo. 
Viceversa, número 11.
Abril de 1994.
Foto de portada: Rogelio Cuéllar.
En 1994, cuando armábamos el “Proceso a Julio Scherer”, título que dimos al número monográfico de la revista Viceversa dedicado al gran periodista del siglo XX, diseñamos una nómina de colaboradores lo más amplia posible (políticos, intelectuales, periodistas, editores, caricaturistas, comunicadores…). Como resultado, terminamos recibiendo una ingente cantidad de artículos y testimonios que no cupieron en Viceversa, aun cuando previmos para aquel número al menos una cuarta parte más de las páginas que solía tener nuestra publicación. Por primera vez la revista, que hasta entonces había aparecido siempre engrapada, necesitó de un lomo, el cual, ante la novedad del caso, no supimos aprovechar con la consecuencia de que salió sin imprimir, en blanco.
El "número de Scherer", con el lomo en blanco.
Ante semejante cantidad de textos, no pocos de primer interés, algunos magníficos, tuvimos que tomar la decisión de sacrificar un puñado de ellos. En esa lista quedaron los artículos de los dos colaboradores más cercanos de Scherer, Enrique Maza y Vicente Leñero. De ese modo, el texto del subdirector de Proceso quedó inédito. 
Página del número monográfico de Viceversa sobre Julio Scherer.
En la foto de Pedro Valtierra, Scherer y Enrique Maza.
Me imagino que muchas veces le preguntaron a Leñero, de todos los modos posibles, cómo era su relación de trabajo con Scherer, ya que fue él una de las personas que lo trató con la mayor cercanía durante un número bastante considerable de años. Creo que referirse a la persona que le solicitó el texto, aun cuando terminó dejándolo fuera, es un modo de dar plena legitimidad al modo en que fue escrito: su testimonio no surgió por motivos personales, los que hayan sido, sino a petición de alguien más. Me sorprende, eso sí, que Leñero se refiriera a Viceversa como una “revista efímera”, cuando apareció durante casi diez años. Cuando lo pienso mejor, por supuesto, me doy cuenta de que tiene toda la razón al calificarla de ese modo si se compara con los más de cuarenta años que lleva publicándose Proceso, la revista que él y Scherer fundaron en 1976. 
Mariana Maneiro, de paso por México en febrero pasado. Foto: FF
Al publicar las fotos que hago al libro de Mariana Maneiro, el día que me reúno con ella en la Zona Rosa para tomar un café y echar un vistazo a las páginas del libro, siento que cumplo finalmente con Leñero, aunque sea de forma vicaria, divulgando este texto espléndido que yo mismo le solicité.
 
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El retrato de Leñero que abre este post es de Roberto Portillo. Apareció en el número 9 de Viceversa (febrero de 1994), acompañando una entrevista de Ricardo Cayuela Gally.

Aquí los datos del libro del que tomo un par de páginas: Scherer, Salgar, Clóvis Rossi, Sábat (Premio Homenaje CEMEX, FNPI, FCE, 2007), pág. 31-32.

Más sobre Leñero, Scherer y Proceso en este blog:
El numero de Scherer, en papel, http://bit.ly/12AooNW
El numero de Scherer, en línea, https://bit.ly/3457AzI
Leñero comenta las mejores portadas de Procesohttp://bit.ly/1FI3kXN
Juan Miranda retrata a Octavio Paz, http://bit.ly/1euDvXV



viernes, 6 de septiembre de 2019

Asiego, Pueblo Ejemplar de Asturias 2019

Esta semana se anunció que el Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias, que otorga la Fundación Princesa de Asturias, fue concedido este año a Asiego de Cabrales (Asiegu, por su nombre asturiano original), la aldea en la cual nacieron los personajes principales de Oriundos y en donde ocurre parte de la acción de mi libro. Es un reconocimiento al brillante y meritorio trabajo de sus vecinos, encabezados por los hermanos Javier y Manolo Niembro, en favor de la recuperación de la cultura tradicional y su proyección al futuro en una época en que los pueblos españoles se están quedando vacíos (de pobladores, pero también de utilidad y significados). 
Me entusiasma que mi libro, que recupera parte de la historia del pueblo, sobre todo en relación con la emigración, uno de los hechos sociales más importantes de la historia asturiana, pueda verse como parte de ese rescate, galardonado ahora por lo más alto. Oriundos se presentará en Asiego la tarde del sábado 19 de octubre, después de presentarse en Gijón (viernes 11, en el Muséu del Pueblu d'Asturias) y en Oviedo (lunes 14, en la Biblioteca Ramón Pérez de Ayala). Reproduzco el capítulo dedicado a describir cómo era el pueblo hacia 1925, cuando fue tomada la foto que sirve de mapa espiritual y anecdótico del libro.

El maestro de Asiego, Aquilino Fernández Berridi
(el Tío Aquilino), en sus años mozos.
La foto de la Escuelina (1925)
 Por FF
Solar. Es la palabra. En medio de los niños, en las gradas improvisadas contra la pared de piedra no lejos de la Escuelina, el Tío Aquilino es el centro de un sistema solar de treinta y seis planetas incipientes. Un sistema de historias, un semillero de destinos, un punto de partida de treinta y seis direcciones cuyo eje será su infancia en aquel pueblo, las paredes de esa escuela, la personalidad de este maestro. 
No hay otra foto en la que aparezcan tantos contemporáneos de Santos y Fernanda, todos tan cercanos entre sí: el padre de él, los hermanos de él y de ella, ella misma. Y una red de primos en todos los grados, parientes y conocidos de cerca relacionados desde tiempos inmemoriales, de la que esta imagen es una muestra.
Foto de Cándido García
(Llanes, 1919).
Para cuando se toma la foto, Asiego de Cabrales es una aldea de treinta y seis casas, muchas de ellas separadas entre sí, casi todas antiguas y sencillas. Las familias son numerosas y viven amontonadas en las casas, por lo que es explicable que no haya nadie en la foto que no tenga o vaya a tener a un pariente lejos del pueblo: la emigración es la salida a la sobrepoblación, pero también a la guerra de África. Ésta es la causa que llevó al primo de Fernanda, hace apenas un par de años, a abandonar el país. Los padres de estos niños prefieren que sus hijos crucen el mar rumbo a quién sabe dónde, aun con la posibilidad de no volver a verlos, a que vayan a una guerra de la que pocos han vuelto. Santos no fue el primero de los hijos del Tío Aquilino que tomó el camino de México; sus hermanos mayores lo precedieron: Vicente, que regresó a España una sola vez; Pepita, la primogénita, que no volvió nunca.
Cartera de identidad del emigrante Santos Fernández Bueno. Otoño de 1923.
Es muy probable que el día que se tomó la foto el cielo luciera su típico encapotamiento grisáceo; y es que tres, de cada cinco días, llueve en el pueblo o hay niebla o nieve, por lo que las condiciones lumínicas suelen ser pobres. Casi nadie deja de tener siquiera una choza, un pequeño terreno donde sembrar maíz y patatas y no hay rincón, por pequeño o impracticable que resulte o alejado que esté del pueblo, que quede sin segarse o no se siembre o carezca de árboles frutales. Sin embargo, los vecinos trabajan el campo con rutina e impericia, no practican la rotación de cultivos y desconocen el barbecho. Tampoco aprovechan el estiércol de la mejor forma y carecen de todo instrumental agrícola que pueda llamarse moderno.
Topografía Médica del Concejo de Cabrales de Don Joaquín Vilar Ferrán,
de 1919 (publicada en 1921), mi fuente de información principal
para la escritura de este capítulo de Oriundos.
Con todo, nada más hay que echar un vistazo a la foto para confirmar que los niños están sanos: la comida es monótona pero nunca falta. La enfermedad más importante, la tuberculosis, que en breve costará la vida a la mujer del maestro del pueblo, no es endémica de este país de aires saludables, pero una vez que aparece, sobre todo en los emigrados que vuelven a morir a casa, se propaga aprovechando la atmósfera enrarecida de los espacios cerrados.
Una de las hachas del Depósito de Asiego.
Abril de 2010. Museo Arqueológico de Oviedo. Foto: FF
Hace sólo unos años, en circunstancias que no se recuerdan, alguien de quien se ha perdido la memoria hizo en Asiego un significativo hallazgo: un conjunto de hachas de la Edad de Bronce, que se conservan en el Museo Arqueológico de Oviedo. Por lo visto, nunca fueron usadas así que se conservan tal y como salieron de la fundición de aquel remotísimo antepasado de quienes aparecen en la foto, más de mil años antes de Cristo. La definida personalidad del Depósito de Asiego, como se les conoce en el mundo de la arqueología, ha hecho que los especialistas se sirvan de ellas para catalogar otros grupos de hachas prehistóricas del norte y el oeste de la Península bajo el nombre de Tipo Cabrales.
A la derecha de la imagen, Santos Bueno Prieto, 
abuelo materno de mi abuelo. Asiego de Cabrales.
La capital del concejo, llamada Carreña, no está lejos del pueblo: basta tomar, camino abajo, un sendero de unos dos kilómetros que corta una fragosa pendiente. Desde tiempos antiguos, la tarde de todos los sábados se celebra en Carreña un mercado en el que sobrevive el trueque. Los hombres de este país, si bien se muestran indiferentes en religión, son trabajadores y honestos: no hay criminalidad, al grado de que la Guardia Civil, recién instalada en el concejo, estuvo hasta hace poco a treinta kilómetros de distancia, tan lejos como la estación de trenes más cercana. Con la única excepción del queso de Cabrales, y aun ella poco más que incipiente, la comarca carece de cualquier actividad que pueda llamarse industria, vive de una ganadería que practica de acuerdo con los usos ancestrales en forma de trashumancia estacional y una agricultura suficiente para cubrir sus necesidades básicas.
Santiago Pascual Tejerina, 1973. Vista de los Picos desde Asiego.
En la mayoría de los pueblos de la región hay una única calle, que no es otra que la carretera que los atraviesa. Pero Asiego, aquí arriba, lejos de la carretera general y sin acceso rodado a ella, carece de nada que pueda llamarse calle. También es verdad que nadie que asome por aquí puede mostrarse indiferente a lo que ven sus ojos. La impresionante pared de los Picos de Europa, que se alza del otro lado del valle del río Casaño, brinda desde el pueblo un espectáculo digno de verse. A los forasteros suele llamarles la atención sobre todo un pico con misteriosa forma de cono trunco al que llaman Picu Urriellu o Naranjo de Bulnes. Pero los vecinos de Asiego, atareados a lo largo de todo el día durante todos los días del año, no suelen tener tiempo para semejantes contemplaciones.
Los Picos desde Asiego. Foto de Javier Niembro Fernández.
El tejido humano que muestra la foto, producto de vínculos reafirmados a través de generaciones de matrimonios entre parientes, es un ejemplo de sociedad planeada para la supervivencia. Si los adultos son llamados tíos aun cuando no siempre lo sean, es porque en el apelativo hay un principio de verdad: basta rascar en la genealogía inmediata de cualquiera para encontrar el abuelo, el medio hermano o el primo que los devuelve al tronco común.

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Más sobre Oriundos en este blog:
Oriundos ya está en Asiego, https://bit.ly/2VVMgIc
La edición, https://bit.ly/2ES60qb
El arroz Covadonga, https://bit.ly/2IxEVe8
Santos, 1923, https://bit.ly/2CGCxir
Antonio Poo, https://bit.ly/2zgKjzi