viernes, 20 de octubre de 2017

Recibo en Marrakech

Abro un cuaderno, como siempre buscando otra cosa, y me salta a las manos el recibo de la cafetería de Marrakech en donde conversé con Juan Goytisolo el lunes 24 de octubre de 2016, unos meses antes de su muerte. El restaurante se llama Les Premices; aquella mañana, el escritor español me había explicado, para que se me grabara bien en la memoria, que ese nombre significa "las primicias".
Café Les Premices de Marrakech
Foto: internet
El recibo ha empezado a borrarse porque fue impreso en ese papel innoble que a los viejos nos recuerda aquel en que se hacían las primeras fotocopias, y que los que son más viejos que nosotros llamaban copias xerox (un gesto aquí de sentimiento conmovido). Tomo la decisión de hacerle una foto para conservar su imagen, al menos un poco más que lo que lo se conservará el documento.
Como se verá, ampara una botella de agua y un café, que fue lo que tomamos, en ese orden, mi amiga Lola García Zapico, que me acompañaba aquel día, y yo. A lo que recuerdo, Huan (con la hache levemente aspirada), como llamaba todo el mundo a Goytisolo en la ciudad en la que pasó el resto de su vida, jamás tocó el vaso de agua que tenía delante, y creo que tampoco bebió nada su acompañante, el hombre corpulento que nos había abierto la puerta aquel mismo día, quien se mantuvo en un cerrado silencio durante la hora que duró el encuentro. 
Plaza de Jemaa El Fna, de Marrakech, donde está el Café Les Premices. Foto: FF
Cuando llegamos, un par de minutos tarde porque nos entretuvimos buscando una papelería para comprar un cuaderno, allí estaban ya ellos dos, acodados la mesa, Goytisolo en la silla de ruedas que ya nunca abandonó en los meses que le quedaban, y su acompañante, sentado a su lado. Cuando acabó la charla, éste se apresuró a pagar los 25 dirhams de la cuenta, en la que estaba sólo lo que nosotros tomamos; por más que dije e hice, no hubo manera de que pagara yo.
Con Goytisolo, al final de nuestro encuentro. Foto de Lola García Zapico
No leí lo que se escribió a la muerte de Goytisolo: los apremios económicos, el supuesto proyecto de suicidio, la crítica a lo que algunos rigurosos y descontentos juzgaron como inconsistencias éticas. Vi por encima toda aquella información y decidí pasar de largo; los titulares me dejaron apreciar, eso sí, algo de lo que vi con mis propios ojos: a quien yo conocí, siquiera durante una hora (larga, sí, intensa y memorable, pero apenas una hora de escasos sesenta minutos), era un hombre profundamente ensimismado y entristecido. Vi brillar en sus ojos la chispa de una emoción mitigada cuando hablamos de literatura medieval. Es todo. Ah, y por supuesto también cuando hablamos de México, como un lugar grato y benéfico para él.
No disfruté el café; lo pedí negro y me lo trajeron con leche. Además, tuve que hacer verdaderos esfuerzos por escuchar lo que decía, en voz baja, sin energía, el viejo Huan, y por pasarlo a continuación al cuaderno recién adquirido de la manera más fidedigna posible. Hace unas semanas me referí, en este mismo espacio, al relato “El Aleph”. ¿Quién olvida que en el primer párrafo del famoso texto el narrador dice que el mundo empezará a cambiar, al advertir el cambio de un anuncio de cigarros en una plaza pública? Todo irá cambiando, dice Borges, que se promete que eso no le ocurrirá con el recuerdo de Beatriz. Esta mañana, al saltarme a las manos el recibo de aquel café de Marrakech y ver el documento que sirve de prueba de aquel café y aquella botella de agua que nos invitó Goytisolo, tuve el impulso de correr a fotografiarlo como una manera de salvar siquiera unos días del olvido este papelajo sin importancia que forma parte de aquel día inolvidable que se fue.

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Más sobre Juan Goytisolo en este blog:
Tras su huella en Marrakech (crónica), http://bit.ly/2jipjeP
Imágenes de la ciudad roja (fotos), http://bit.ly/2j6SH8x
El exilio según Juan Goytisolo, http://bit.ly/2wUSMFT
Mi entrevista, http://bit.ly/2jWYxMu
La lengua de La Celestina, a escena, http://bit.ly/2pjD0RK
El exilio según Juan Goytisolo, http://bit.ly/2wUSMFT



viernes, 13 de octubre de 2017

Deniz anota a Neruda

Al final de una entrega de hace unas semanas de este cuaderno en línea, mis amigos pudieron leer las siguientes palabras: “Algunas décadas más tarde, a ruego mío, la dirección de la revista Milenio me dio a conocer por fin al Neruda esencial. Desde entonces me consta: aquel amb(l)istoma gargarizante escribió tres poemas buenos en su vida. Puede que hasta cuatro. En el lugar del poeta Borges, algo como para morirse de envidia” ("Neruda", De marras, pág. 414).
Quien habla es Gerardo Deniz. El escritor hispano-mexicano acaba hacer el relato de la primera y única vez que vio en persona a Pablo Neruda. Entre otras cosas, ha escrito que su primer contacto con el poeta chileno fue de desagrado; no sólo cuando estuvo delante de su persona sino también cuando leyó los primeros versos suyos que tuvo en las manos, en aquellas inacabables galeras que su padre corrigió para una famosa edición mexicana de Canto general (“cuando empezaron a llegar las longanizas de versos nerudianos, las rechacé con repulsión”).
Supongo que Deniz se refiere a aquella primera edición, mexicana del todo, diseñada por Miguel Prieto y acompañada de dibujos de Diego Rivera y José Clemente Orozco, que desde hace ya mucho es una pieza de caza especialmente apreciada por los bibliófilos. (Hasta donde alcanzo, aun cuando tuvo que revisarla de cabo a rabo probablemente con el desagrado del que habla su hijo, el padre del poeta no tiene crédito en la famosa edición…).
El texto "Neruda" de Gerardo Deniz está en la página 414 de De marras (FCE, 2016).
Con los años, termina contando en su texto, Gerardo Deniz tuvo curiosidad de echar un ojo a lo que llama, en ese mismo texto, no sin una gota de sempiterna ironía, “el Neruda esencial”. Con la frasela dirección de la revista Mileniose refiere a mi persona; dirigía yo entonces una publicación llamada de esa manera que nada tiene que ver (nunca lo diremos bastante) con el diario de ese nombre, el cual empezó a publicarse unos años después de que nosotros renunciamos a él.
Llego a donde quiero llegar: entre mis libros está el ejemplar de Residencia en la tierra que le presté a Juan Almela en aquella ocasión
Es la vieja edición de mis veinte años (no tengo otra); muestra, como es esperable tratándose de un libro que ha tenido cerca a lo largo de tantos años, algunas anotaciones mías (y no sólo notas: entre sus páginas descubro ahora el recibo de algo que bien pudo ser un desayuno en el Hotel Diligencias del puerto de Veracruz, sin fecha). Lo bonito del caso es que hay una anotación dejada por Almela mismo cuando anduvo entre sus páginas.
Es en el último verso de la segunda estrofa del poemaCaballero solo”. A leer, mi amigo se dio cuenta de que Neruda aludía a un famoso verso de Baudelaire y así lo dejó consignado en mi ejemplar. Con las imágenes que ilustran esta post lo consigno a mi vez ahora yo, con el propósito de satisfacer la curiosidad de quienes se asoman a este blog.

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Más sobre Neruda en este blog:
Un signo tuyo busco en todas las otras, http://bit.ly/2u430mA

El retrato que acompaña estas líneas es de Roberto Portillo.

Juan Almela / Gerardo Deniz en Siglo en la brisa:
De marras, primeras imágeneshttp://bit.ly/1tsZo8J
Quince razones para asomarse a De marrashttp://bit.ly/2bmYunI
Deniz en Buenos Aireshttp://bit.ly/1N37oAb
En sus 80 añoshttp://bit.ly/1sDZm8f
Una vida con el Fondo de Cultura Económicahttp://bit.ly/1TNgNSM
Noticiasrecientes”, http://bit.ly/V95VkF
Sobre Red de agujeritoshttp://bit.ly/12RrW9H
Cómo y cuándo nació el seudónimohttp://bit.ly/1RTMiXd