domingo, 7 de octubre de 2012

Manojo de refranes celestinescos


Aunque la tengo muy a mano, tardé en consultar mi edición de La Celestina para aclarar un refrán que de cuando en cuando volvía incompleto a mi memoria, y que recordaba con certeza que había leído en sus páginas. Por fin lo hice hace unas cuantas noches: “Las yras de los amigos siempre suelen ser reintegración del amor”. 
Según Julio Cejador y Frauca, la frase está en Terencio (“Amantium irae, amoris integratio est”, Andria) pero Fernando de Rojas la tomó de Petrarca (Epístolas familiares). El especialista español, que se muestra tan meticuloso ofreciendo la fuente original, se olvida de dar la directa. ¿O es que Petrarca la cita sin cambiarle palabra? No hace lo mismo el autor castellano, cuya versión resulta encantadora porque al tajante “siempre” hace seguir un relativo “suelen ser”. Mi latín rudimentario me da para confirmar que ese detalle, que pone en la frase cierta duda, haciéndola más humana, no está en Terencio. Como sea, se trata de un proverbio que necesita de glosa: y es que al parecer su significado no es, como creí en un principio, que el enojo entre los antiguos amigos equivale al amor que se tuvieron en otras épocas, sino que las rencillas entre los amantes contribuyen a redoblar el amor. Más abajo, en el lugar que le corresponde en esta pequeña selección de refranes celestinescos, copio algunas citas esclarecedoras de una fuente que aclara el resto de ellos —y a la que me prometo volver.
Fue en la edición de La tragicomedia de Calisto y Melibea prologada y anotada por Cejador (Clásicos Castellanos, Madrid, 1955, pero adquirida en Donceles medio siglo más tarde), que leí por vez primera a consciencia una de las obras más fascinantes de la literatura española. 
Por fortuna, mientras me adentraba en sus auctos tenía a la vista la tercera parte de los Orígenes de la novela de Menéndez Pelayo, dedicada a la novela de Fernando de Rojas, uno de los estudios más fascinantes que yo haya leído sobre obra literaria alguna. Por aquellos días, con López Velarde de por medio, dediqué un extenso artículo a la lectura cruzada de ambas ediciones. El poeta de Zacatecas venía a cuento porque en el antiguo texto castellano di con una frase que me resolvía cierto pasaje suyo. Por desgracia, aquel artículo —que apareció en Nexos creo que en marzo de 2005—no está en línea, lo que me hace pensar que quizás deba publicarlo alguna vez en este blog, aunque sea en dos o tres partes. De momento, mi nueva visita a La Celestina me sugirió la idea de entresacar algunos de los refranes y proverbios que más me gustan, anotados por su editor.
Todo el mundo está al tanto de la riqueza paremiológica de esa obra; mi acercamiento es el de un mero aficionado y no tiene otro objetivo que compartir el gozo, como se verá lleno de perplejidades y preguntas, de algunos de ellos. 
Tomo las frases del índice que ofrece el segundo tomo de Cejador, en el que aparecen enumeradas por orden alfabético de temas, y luego copio lo que se dice de cada una de ellas en la página que le corresponde, casi siempre empezando por su ubicación en dos fuentes básicas del asunto: el Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627) del Maestro Gonzalo Correas, y en menor medida los Refranes que dicen las viejas tras el fuego del Marqués de Santillana (en el grabado, al lado estas líneas). Por cierto, el número que sigue a la abreviatura de Correas (“CORR.”) es el de la página de la edición de 1906, hecha por la Academia de la Lengua a partir de una copia única, y que está consultable en línea, con todo y buscador de palabras: http://bit.ly/UcpqdK. Cito entre comillas; la responsabilidad de lo que está fuera de ellas corresponde a quien esto escribe.

Do vino el asno verná el albarda.
“Refrán que no traen los refraneros conocidos”, anota Cejador. Es decir que, en su opinión, es posible que se recoja por vez primera en La Celestina. No tengo ninguna experiencia en los temas paremiológicos, pero la frase tiene un sabor verdaderamente popular. La albarda es la “pieza principal del aparejo de las caballerías de carga, que se compone de dos a manera de almohadas rellenas, generalmente de paja y unidas por la parte que cae sobre el lomo del animal” (Diccionario de la Academia).

¿Adónde yrá el buey que no are?
 “CORR., 9: ¿A do irá el buey que no are? A la carnicería. Ídem: ¿A do irá el buey que no are, pues que arar sabe?”
Ya no recuerdo dónde leí que Gómara pone la frase en labios nada menos que de Cortés. Encuentro el pasaje en las Historias de las conquistas de Hernando Cortés, capítulo 49 (“El deseo que algunos españoles tenían de dejar la guerra que se comenzaba”), edición de 1826: “Si dejamos esta guerra”, dice el conquistador en una arenga en tierras de Tlaxcala, “este camino comenzado, y nos tornamos como algunos piensan y desean, ¿hemos de estar por ventura jugando ociosos y perdidos? No por cierto, diréis, que nuestra nación española no es de esa condición cuando hay guerra y va la honra. Pues ¿a dónde irá el buey que no are? Pensáis quizás que habéis de hallar en otra parte menos gente, peor armada no tan lejos de mar?”. (Naturalmente, el subrayado es mío.)

Ni ay cosa tan provechosa, que en llegando aproveche. Como la medicina de Fernando, que estaba en la botica y estaba obrando.
De estas dos frases —que por la cita conjunta que de ellas hace Cejador supongo que conforman el refrán en alguna de sus versiones—, sólo la primera aparece en La Celestina. Sin embargo, no se especifica fuente ni se dice nada más. A falta de referencias, copio el pasaje: 
“Que, como Séneca nos dize, los peregrinos tienen muchas posadas e pocas amistades, porque en breue tiempo con ninguno no pueden firmar amistad. E el que está en muchos cabos, está en ninguno. Ni puede aprouechar el manjar a los cuerpos, que en comiendo se lança, ni ay cosa que más la sanidad impida, que la diuersidad e mudança e variación de los manjares. E nunca la llaga viene a cicatrizar, en la qual muchas melezinas se tientan. Ni conualesce la planta, que muchas veces es traspuesta. Ni ay cosa tan prouechosa, que en llegando aproueche.”

De cossario a cossario no se pierden sino los barriles.
Según mi parecer, se trata de un misterioso e inolvidable refrán. No me parece satisfactoria la explicación que ofrece Cejador a través de sus dos referencias: “CORR., 558: No se pierden sino los barriles. (Cuando barajan dos iguales.) Cuando no se quedan debiendo nada los que riñen. S. BALLESTA.”
¿Por qué “barriles”? La naturaleza negativa de la frase (“no”, “sino”) profundiza el misterio que produce en quienes —como es mi caso— no lo entendemos por falta de información o de contexto, y nos sugiere batallas de piratas y cargamentos convertidos en inapreciables botines. “S. Ballesta” es Alonso Sánchez de la Ballesta, autor de un Dictionario de vocablos castellanos aplicados a la proppriedad latina (1587) del que se aprovechó Correas.

Quando Dios quería.
“Quando Dios quería. CORR., 370: Cuando Dios quería, allende la barba escupía; ahora que no puedo, escúpome aquí luego. (Cuando Dios quería se dice acordándose y haciendo mención de mejor tiempo y fortuna.)”.
Es una frase muy usada en la poesía del Siglo de Oro, donde yo la conocí y a cuyo encanto no fui capaz de resistirme (“Con alguna gracia no del todo ajena a su mesmo sentimiento, describe el estado actual de su ánima”, en El ciclismo y los clásicos, segunda edición, Parentalia, página 14).

Jamás el esfuerço desayudó la fortuna.
“Porque A los osados ayuda la fortuna o favorece la fortuna (CORR., 7), y Buen esfuerzo quebranta mala ventura (SANTILL.). CORR., 32: Al hombre osado, la fortuna le da la mano.”
El verbo “desayudar” —“impedir o dificultar lo que puede servir de ayuda o auxilio”— aparece en el Diccionario de la Academia sin que se diga que está en desuso, como podría creerse. Me gusta la oposición que hace con el adverbio “jamás” cuando todo el sentido de la frase apunta a lo contrario de él.

Ofrescer mucho al que poco pide es especie de negar.
No necesita comentario y no lo ofrece Cejador. ¿Será creación de Rojas, que lo pone en boca de Celestina?

Las yras de los amigos siempre suelen ser reintegración del amor.
“Las yras de los amigos, de TERENCIO, Andria, v. 556: Amantium irae, amoris integratio est.’ Pero lo tomó del Petrarca, Epist. familiar, l. V, 8.”. 
Más arriba comenté mi primera impresión sobre la frase y lo que por lo visto significa. Véanse estos otros dos comentarios, que tomo de la riquísima edición de Fernando Cantalapiedra, a la que deberé volver con tiempo para aclarar el resto de los refranes de esta lista: “PROVERBIOS GLOSADOS, número 322, páginas 388-389, Renzilla de amantes / amor más que de antes: Dice Terençio: amantium irae, amoris integratio est, que es lo que dize en nuestro vulgar este proverbio que se suele también dezir por otras palabras: ‘Renzilla entre enamorados hace doblar los amores’”.
Aquí la otra: “COMENTADOR, fol. 133v-134r, gl.13: Estas son palabras del poeta Terencio, en la 1a comedia, acto 3, escena 3, onde dize ansí: amantium irae reintegratio est. Pero están aquí, a mi juizio, no bien aplicadas, que el poeta Terencio dízelas por respecto de los enamorados [...] pero de los amigos, como aquí habla, [...] no se puede dezir de los tales lo mesmo; antes dezimos que no ai peor amigo que el reconciliado // Tulio [??] / Petrarcha, De Próspera y adversa fortuna, diálogo 32; dize lo mesmo...” Tomo ambas notas del volumen III (Floresta celestinesca) de la edición de la Tragicomedia de Calisto y Melibea de Fernando Cantalapiedra Erostarbe, Teatro del Siglo de Oro, Ediciones Críticas, Edition Reichenberger.

Ir por lana y volver trasquilado.
“CORR., 149: Ir por lana y volver trasquilado. (Cuando fue a ofender y volvió ofendido; y acomódase a cosas semejantes, cuando salen al revés de lo intentado.)’ […]”
Me parece delicioso el sentido del humor de esta frase. Ignoro —y consultaré— las razones por las que Celestina, que habla con leísmos, no dice como en la España actual “ir a por lana”, sino como hacemos nosotros “ir por lana”.

Por mucho madrugar, no amanece más ayna.
Cejador se limita a ubicarlo en Correas (400) y aprovecha, como siempre que puede, para insistir en que “el corrector” Proaza anduvo por allí. Quien conozca la edición de Clásicos Castellanos sabrá a qué me refiero. (Al particular dediqué algunos párrafos en mi texto de Nexos). Como sea, me encanta la expresión “ayna”. ¿Se refiere a la tercera acepción del Diccionario de la Academia, “fácilmente”? Uno diría “más aprisa”, o “más temprano”.

Perdido es quien tras perdido anda.
Éste es uno de mis refranes preferidos de toda La Celestina. Cejador lo recoge en su lista de refranes y frases proverbiales pero ni lo comenta ni lo ubica. ¿Es éste su primer registro? ¿Es creación de Rojas?

A quien dizes el secreto das tu libertad.
“CORR., 16: A quien dices tu secreto, das tu libertad y estás sujeto.”
Hermoso y rotundo tal como aparece en el texto castellano. No parece necesitar el remate con que lo recoge Correas ni mucho menos comentario.

Yerro es no creer e culpa creerlo todo.
Tampoco lo anota Cejador, pero sí lo hace antes con un pasaje similar en el mismo aucto (el primero), en el que Celestina dice: “Estremo es creer a todos e yerro no creer a ninguno”. Ésta es la nota: “CORR., 139: Extremo es creer a todos y yerro no creer a ninguno.”

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La edición de Clásicos Castellanos, cuidada por Julio Cejador y Frauca, de La Celestina, http://bit.ly/QGqYZJ
El Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627) de Gonzalo Correas, http://bit.ly/UcpqdK.
Sobre las ediciones del Vocabulario de Correas, http://bit.ly/OBoJbG
Transcripción de la edición de 1541 de los Refranes que dizen las viejas tras el fuego del Marqués de Santillana, http://bit.ly/VrqdoR

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