domingo, 29 de abril de 2012

El Narrador

Algunas personas, naturalmente desconcertadas, me preguntan cuál va a ser mi anunciada participación en la puesta en escena que Sergio Vela prepara de La mujer sin sombra, la gran ópera de Richard Strauss. Mi queridísimo amigo, uno de los más importantes melómanos mexicanos, director de escena especializado en el género lírico cuyos trabajos se han visto en varios países del mundo, me invitó hace unos meses a formar parte del equipo creativo del montaje de la cuarta obra que Strauss hizo en colaboración con el poeta Hugo von Hofmannsthal. 
Una muestra de artículos sobre esa ópera, considerada por el músico alemán como su obra maestra, puede leerse en el número en línea de Quodlibet, la revista electrónica de la Academia de Música del Palacio de Minería, que está en www.quodlibet.org.mx. La mujer sin sombra es famosa por la belleza de su partitura pero también por su complejidad. En todos los aspectos: desde las dimensiones wagnerianas de la orquesta hasta la singularidad de algunos de sus instrumentos, entre los que hay una armónica de cristal, un corno di bassetto, gongs de las más diversas afinaciones, máquinas de viento y truenos, órgano y celesta… También, por una serie de peculiaridades dramáticas que dificultan su escenificación. Por si fuera poco, la trama es particularmente enrevesada y está llena de simbolismos, no todos evidentes. Sergio Vela cuenta que el propio Hofmannsthal, una vez que dio por terminado el texto, escribió una sinopsis y luego incluso un cuento, como una forma de entender él mismo el resultado. 
Para la puesta en escena en México, la primera de esta obra estrenada en Viena hace más de noventa años, Sergio se ha preocupado por ofrecer algunos elementos que ayuden a su comprensión. Entre otros, ideó la creación de un personaje al que ha llamado El Narrador, que tiene la función de aparecer antes de cada uno de los tres actos para ofrecer un resumen de lo que los espectadores verán en ellos. De esa forma, todo el que se anime a probar suerte con La mujer sin sombra tendrá no sólo el supertitulaje, desde hace unos años característico de los montajes en el Palacio de Bellas Artes, sino también una pequeña sinopsis “dicha” antes de cada parte. Tal como ocurrió hace doce años, cuando participé en su puesta en escena de La flauta mágica con una serie de textos que suplieron los diálogos originales en alemán, mi amigo me invitó a escribir esas pequeñas sinopsis. 
Tales son, sin embargo, la complejidad y la profusión de elementos de los que echa mano el texto dramático que primero tuve que aclararme yo también lo que sucede en él y me vi en la necesidad de escribir primero una sinopsis general de la obra, ya que las que leí me parecieron incompletas y hasta confusas, especialmente la de Hofmannsthal (en la foto arriba de estas líneas). Después de fijar el encadenamiento de los hechos, para lo que conté con la ayuda de Sergio, escribí los textos correspondientes a cada acto. La primera versión resultó demasiado larga y mi amigo director los editó hasta dejarlos en las dimensiones apropiadas. Sobre esa nueva versión yo hice algunos retoques aquí y allá, para llegar a las que serán dichas en escena.
Espoleado por un imborrable recuerdo de hace treinta y cinco años, cuando descubrí el teatro en una escenificación de una compañía española de un par de obras de Valle Inclán, me ofrecí a decir yo mismo los textos, aunque mi idea no pasaba de leerlos tras bambalinas. Sergio me invitó a salir a escena y yo no pude sino aceptar. Si al principio iba a estar solo en proscenio, él tomó la decisión de que me acompañara una bailarina especializada en la danza Odissi, de la zona india de Orissa, una talentosa y hermosa muchacha llamada Shaheen Saliahmohamed, originaria de las Islas Mauricio, quien hace una interpretación simultánea de mi relato conforme lo voy diciendo.
Sin adelantar nada más que lo necesario, contaré los antecedentes de la trama, digamos que lo que deberíamos de saber al asistir a la escenificación: un Emperador de las Islas del Sureste sale de cacería una madrugada llevando en su brazo a su halcón rojo. De pronto, descubre una gacela. En el momento en el que el ave quiere herir a la gacela, ésta se transforma en una joven de una belleza resplandeciente que resulta ser la hija de Keikobad, Señor de los Espíritus. 
A pesar de sus diferencias, la joven divina y el emperador humano se enamoran de inmediato. De las alturas del mundo espiritual del que ella procede, una sentencia dicta que la unión será posible sólo si la hija de Keikobad es capaz de engendrar hijos, y por lo tanto proyectar la sombra que, como ser inmaterial, le es ajena. Si al cabo de un año no lo consigue, ella será devuelta al mundo intangible de su padre y el Emperador de las Islas del Surteste recibirá un castigo ejemplar: será convertido en piedra. Cuando empieza la obra, faltan tres días para que se cumpla el plazo…
El elenco, que es de magnífica calidad, reúne a cantantes de México y varios países europeos. Ellos son Carlo Scibelli, tenor ítalo-estadounidense, quien interpretará al Emperador de las Islas del Sureste. El papel de la Emperatriz lo hará la soprano australiana Rebecca Nash y el de la Nodriza la mezzosoprano polaca Malgorzata Walewska. El tintorero Barak será interpretado por el bajo-barítino mexicano Noé Colín y el papel de su mujer lo hará la soprano rusa Olga Sergeyeva. La escenografía es de Philippe Amand, de quien también es la iluminación, crédito que comparte con Sergio Vela. El vestuario es de Violeta Rojas y las coreografías son de Ruby Tagle.
Un par de aspectos importantes y característicos de este montaje es que el escenario aparece enriquecido con algunas piezas de escultor mexicano Jorge Yázpik, un querido y viejo amigo mío del que, como saben los lectores de Siglo en la brisa, tengo una pequeña pieza sobre mi escritorio de la que todos los días saco lecciones de buen gusto y armonía…  Además de la escultura, Sergio Vela hace uso de la danza: un grupo de bailarines representan a algunos cantantes, ausentes en escena en ese momento de la representación y tres muchachas incluso vuelan —una de ellas Isolda, la hija adolescente de Sergio, que encarna la mágica visión del halcón rojo.
Para mí lo más curioso de todo el asunto es que el azar y la generosidad de mi amigo director me han deparado el apelativo de Narrador: que el Narrador se presente en el escenario; que en maquillaje ya están esperando al Narrador; que hay que ver cómo el Narrador se las arregla para no venir a este ensayo o el otro. Esta semana he puesto punto final a la narración a la que dediqué parte de mi tiempo durante los últimos diez años de mi vida. Empecé a escribirla cuando estaba en Oviedo y sólo hace unos meses descubrí la clave de su estructura y pude por fin dar el orden definitivo a sus capítulos. Así que en el hecho de que alguien me llame El Narrador, a mí que he publicado sólo libros de poemas, hay algo que hace cierta justicia a mi trabajo de la última década.

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El estreno de La mujer sin sombra será este jueves, 3 de mayo de 2012, y las funciones se llevarán a cabo los días domingo 6, martes 8 y domingo 13 de mayo. Los martes y jueves darán comienzo a las cinco de la tarde y las de los dos domingos serán, como de costumbre, a las seis.

Más sobre Sergio Vela en este blog,
“Trasfondo de época”, http://bit.ly/J2Bwfj
“Primera tumba de Borges”, http://bit.ly/JihBd9
“Postales”, http://bit.ly/JjT5FM

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