domingo, 6 de noviembre de 2011

La casita en el árbol

Hace quince días pasé un fin de semana largo en los Estados Unidos, a sólo unos kilómetros de la frontera con México, en una vieja zona habitacional enclavada en un bosque de pirules. Como mucha gente sabe, ese árbol, cuyo nombre científico es Schinus molle, es conocido en inglés como pepper tree porque su fruto se asemeja a la pimienta. 
El pirul se impone de manera tan evidente sobre el resto de las especies presentes en el barrio, que la calle principal que lo atraviesa se llama Pepper Tree Road. La casa misma en la que fui hospedado, según me dijeron mis anfitriones, aparecía descrita en la ficha de venta como The pepper tree house (“la casa del pirul”) sin duda por el soberbio individuo que custodia la entrada. La tarde de ese sábado descubrí en la mesa de novedades de Barnes & Noble un libro que no pude dejar de comprar: Treehouses of the World de Pete Nelson, con fotografías de Radek Kurzaj. 

Como tantos otros libros con intenciones y perspectiva semejantes escritos y editados por norteamericanos, poco más de la mitad de las casas en los árboles que reúne el volumen están dentro del territorio de su país. El resto lo conforman algunos ejemplares en Europa, Asia y Oceanía, pero ni uno más en el continente americano. Si reparé en ese detalle antes incluso que en la belleza, la peculiaridad y hasta la naturaleza caprichosa de algunas de esas casas construidas entre las ramas, es porque la más impresionante que he conocido en persona, que admiré largamente, fotografié desde todos los puntos de vista y subí hasta donde el vértigo me lo permitió, está en la Amazonia peruana, en la fantástica ciudad de Iquitos, en el jardín de la casa convertida hoy en hotel en la que Herzog planeó la producción de la película Fitzcarraldo
Recomiendo echar un vistazo a esa casa, un remanso en medio del ajetreado puerto fluvial amazónico —que a fuerza de no contar con acceso rodado carece completamente de automóviles, y en el que día y noche zumban bajo un calor de infierno miles de motocicletas.

Antes de compartir con los lectores de este blog algunas imágenes de Treehouses of the World, cosa que haré con algún detenimiento la semana próxima, deseo referirme a un pequeño y simpático hallazgo que hice antes de volver de Estados Unidos. 
Concluidas las actividades que motivaron mi viaje, la tarde anterior a mi regreso pude por fin visitar el jardín de la casa de los pirules para ver de cerca y hacer algunas fotos de los más llamativos. ¿Cuál no sería mi sorpresa al encontrar precisamente una pequeña casita de madera entre las ramas de uno de ellos? Mis anfitriones me contaron que adquirieron la propiedad a una pareja de personas mayores, quienes originalmente construyeron la casita en el pirul para sus hijos. Con el tiempo, quizás por la mala calidad del material con la que fue construida, se le hicieron constantes reparaciones y por último tuvo que ser desmantelada. 
Al tomar posesión de la casa, los nuevos propietarios encontraron unos tablas de madera debajo del árbol, como olvidadas allí a propósito, y con toda naturalidad mandaron ensamblarlas en la forma que tienen el día de hoy. 
A manera de aperitivo para la entrega de la semana entrante, ofrezco a los lectores de Siglo en la brisa un par de fotos de la sencilla construcción y un retrato de la feliz usuaria actual de la casita en el árbol.

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La foto del gran árbol de la Casa Fitzcarraldo de Iquitos, Perú (http://bit.ly/trBYOn), la tomé prestada de la red.

Más sobre árboles en este blog:
Informe sobre la estupidez, http://bit.ly/oSklUj
El árbol de Giovanna, http://bit.ly/jY0F6c
Guía de árboles del Distrito Federal, http://bit.ly/bSTUI2  
Mi cuaderno botánico, http://bit.ly/acYY4W
El tejo de Bermiego, http://bit.ly/9NE36k



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