viernes, 3 de agosto de 2018

Leandra (Quijote I-LI)

Leandra
Quijote I, capítulo LI
A Xavier Pascual Aguilar

Todo el bosque
       repleto de las voces
de los enamorados ocultos tras los árboles
diciendo el nombre
de Leandra;

todo el día y toda la noche,
Leandra, Leandra;

cada sombra de sauce, cada margen
de arroyo
esconde alguna voz que va diciendo el nombre
de Leandra;

y las voces de los enamorados
encantan cada hoja,
     cada nido
de pájaro
       –un bosque de sonidos y de símbolos
que van haciendo un eco
del nombre
de la ingrata;

y por los montes ásperos, los pastores
que han extraviado el norte,
                  y algunos la majada,
la llaman sin cesar antojadiza
y varia;

y todo va encantándose:

los huecos de las cuevas
y hasta las oquedades
          de los alcornoques
en donde algunos de ellos han hallado
casa;

el mismo cielo, en su girar
                        de estrellas,
de nubes y de soles, va escribiendo
su nombre,
         día y noche,
con las aves que pasan
encantadas;

y aquel menearse de hojas, por el aire
corriendo entre
las matas;
        y así por cada brote, cada ramo
de muérdago,
cada rama;

y la tierra en la tarde,
       erizada de grillos,
y los brillos que al ponerse el sol
entre las copas
de los árboles
     aprisa van tejiendo 
alguna red
que encanta;

y yo mismo, al recordarlo,
de sus enamorados ya sin número,
           cuyas voces
repiten encantadas
su nombre por el bosque,
alguno de ellos soy, y tú
Leandra.

***
(En los próximos meses publicaré un nuevo libro de poemas, el primero desde 2010, cuando apareció Palinodia del rojo bajo el sello de Aldus. Su título: Oscuro escarabajo. Con la excepción de un caso anómalo, un poema escrito hace una década y media, los veintiséis trabajos inéditos que aparecen en sus páginas fueron compuestos entre 2015 y 2016, cuando hacía algún tiempo que empezaba a pensar que no volvería a escribir poesía. 
Como en algunos otros asuntos relacionados con el oficio, vino en mi auxilio Auden, quien dejó apuntado en La mano de teñidor, precioso libro leído por mí en dos ocasiones en 2015, que el poeta no es capaz de conocer la anticipación. Éstas son sus palabras: “Nunca podrá decir: ‘Mañana escribiré un poema y, gracias a mi entrenamiento y mi práctica, sé que lo haré bien’. Ante los ojos de los demás un hombre es poeta si escribió un buen poema. Ante sus ojos, un poeta sólo lo es cuando hace la última corrección de un nuevo poema. Antes de eso, sólo era un poeta en potencia; después es alguien que dejó de escribir poesía, quizás para siempre”.
Metido en las revisiones del nuevo libro, poco antes de darlo a la imprenta, se me ocurre celebrar la noticia con mis lectores publicando uno de los poemas que aparecen en sus páginas. Escojo, sin pensarlo mucho, “Leandra”. 
Su epígrafe lleva al lugar de donde tomé la idea, las últimas páginas del Quijote de 1605. Nuestro entrañable loco, Quijano el Bueno, es conducido en contra de su voluntad a su aldea en tierras manchegas; de camino, la comitiva que lo acompaña y custodia, conformada por el cura, el barbero y Sancho, hace un alto para compartir refrigerio con un clérigo y un singular cabrero, quien les cuenta la deliciosa historia de Leandra.
El momento en que Leandra es hallada en una cueva,
en el grabado original de Doré.
La dedicatoria a Xavier Pascual Aguilar se explica porque, de toda la colección, “Leandra” es el poema que más le gusta a mi amigo madrileño, quien ha leído el libro y lo ha subrayado, lo ha comentado y anotado –y hasta lo ha escuchado de viva voz, al menos una vez completo–, desde los días finales del año pasado, cuando el volumen tenía ya la forma con la que aparecerá próximamente. 
Xavier Pascual Aguilar, de visita en la Ciudad de México, poco después
de correr el Medio Maratón de la ciudad, el pasado domingo. Foto: FF
Pero hay más: la personalidad toda de mi amigo es un cruce de dos caminos bien definidos, que van en direcciones opuestas. Uno de ellos conduce a Quintanar de la Orden, a sólo unos kilómetros de El Toboso, en el corazón mismo de La Mancha cervantina. En ese pueblo, tierra de su madre, viven Juan Haldudo y Andresillo, famosos personajes de los capítulos iniciales del primer Quijote. (1)
Delante de los molinos de viento de Campo de Criptana,
La Mancha, ca. 2002. Polaroid de Xavier Pascual Aguilar.
Hace diez años pasé unos gratos días en Quintanar de la Orden, en compañía de Xavi y su familia, y todavía estuve al menos en otra ocasión en tiempos recientes, precisamente durante aquel 2015, cuando comimos en la aldea de Dulcinea y visitamos los molinos de viento de Mota del Cuervo, al principio de cuanto terminó cristalizando en mi nuevo libro. En Palinodia del rojo, por cierto, hay un poema dedicado a una hermana de su madre: quien quiera buscarlo, se llama “A la señorita Piedad Aguilar, al volver de un viaje” y está a partir de la página 17 de ese libro; también puede leerse en este blog –un poco más abajo, el link.)

___________________
(1) El otro camino va a Cataluña, específicamente a La Fatarella, en Tarragona, donde nació su padre. Imagínese lo que significó para mi amigo, barcelonista que mira la realidad a través de cuanto ocurre al equipo de sus sueños, la irrupción en el mundo azulgrana del manchego Iniesta.

La ilustración que abre este post es una acuarela de Luis Tasso sobre un grabado de Doré; representa el momento en el que Leandra es hallada en una cueva. La tomo de la Wikipedia.

“Leandra” (audio). Grabación de Xavier Pascual Aguilar.
“La tía Piedad”, https://bit.ly/2M3LLXV

Más sobre Palinodia del rojo en este blog:
La edición, http://bit.ly/1bLNQ65
La presentación, http://bit.ly/HAijY6
Lectura del poema “Paloma y no”, http://bit.ly/lKlTwP
“Milagro en la playa”, http://bit.ly/W7y222
Tres años de Palinodia del rojo,http://bit.ly/IxEKNa

Xavier Pascual Aguilar en Siglo en la brisa: 
Un poema de Wendell Berry, http://bit.ly/1cGVP0R
19 imágenes de los Estados Unidos, http://bit.ly/Px26R5
El soundtrack de una vida, segunda parte, http://bit.ly/NFn3cM


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