domingo, 23 de junio de 2013

Códice Borgia: lámina 61 (detalle)


Desde hace un par de décadas me acompaña una obra de Eloy Tarcisio: Beso de obsidiana (1989). Se trata de un óleo sobre cartón de 1.30 metros por 75 centímetros en el que puede verse a una pareja unida por la boca, las manos y el sexo, trazada a línea negra sobre un llamativo color rojo. 
La vi por primera vez en una fotografía que llegó a la redacción de Viceversa para ilustrar la entrada sobre ese pintor en el artículo “Doce promesas pictóricas para el nuevo siglo”, que el crítico de arte Josu Iturbe publicó en el número de marzo de 1995. En aquella entrega, Eloy Tarcisio aparecía junto con otros pintores como Fernando Leal Audirac, Martha Pacheco, Germán Venegas y Miguel Ángel Alamilla. Tanto me interesó el cuadro que visité al artista en su estudio, muy cerca del museo Ex-Teresa, del que había sido director hasta hacía poco.
La contemplación en persona acabó de convencerme: el color intenso que domina la escena, el trazo con el que están resueltas las figuras e incluso la composición de la pieza en tres partes, cada una de las cuales aísla las uniones de las bocas, las manos y los genitales, y lo hacen propiamente un tríptico… 
No me gustaron menos unos dibujos a lápiz que pueden verse por detrás y encima de las cabezas, una suerte de pentimenti que funcionan como reverberaciones de los diseños definitivos. Sin embargo, cosas de la juventud, lo que más me atrajo del óleo fue la explicitud con la que aparece expuesta la unión de los sexos.
Con los años, las primeras razones de mi gusto fueron imponiéndose a la última de ellas, al grado de que llegó a producirme cierto desagrado lo evidente de su representación. (Todavía en las últimas épocas, dicho sea entre paréntesis, he llegado a ese saludable momento en que se acaba por no saber exactamente qué pensar…)
En cambio, cada vez me interesó más la peculiar manera de dibujar la unión de las bocas. 
Nunca olvidé que cuando Eloy me habló del cuadro me dijo que aquella manera de representar el beso, en que los personajes toman contacto a través de un pedernal, la había copiado de la forma en la que lo hacían las antiguas culturas mexicanas, de lo cual, añadió, había muestra en los documentos prehispánicos. Sin embargo, a pesar de haber curioseado entre un pequeño puñado de códices nunca me había topado con ningún ejemplo. Eso fue así hasta que hace unos meses apareció en mi horizonte uno de los más fascinantes de ellos: el Borgia.
Durante el último año he atestiguado la pasión con la que un par de amigos viven todo lo que concierne a ese documento, de cuyo extraño destino supe por vez primera por el librito de divulgación de María Sten. Uno de esos amigos, Eduardo Menache (en la foto arriba de estas líneas), está cursando el doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras con una tesis sobre el Borgia; el otro, Mario González Suárez (abajo), está escribiendo una novela basada en él. Mi entrada en la historia común se debe a que yo fui el encargado de presentarlos. 
Mientras que Menache, con su desbordada imaginación y su alma llena de romanticismo hace grandes esfuerzos por aplicar el método científico en su acercamiento al códice, Mario, que ha leído con rigor todo lo que hay sobre él, se deja arrastrar por su inagotable invectiva para resolver algunos de los misterios que los estudiosos consideran indescifrables.
Cuando supe que Mario y Menache planeaban reunirse para ver a detalle el Borgia, del que cada uno de ellos posee una hermosa edición facsimilar, se me ocurrió invitarlos a comer a mi casa para presenciar de cerca el intercambio de puntos de vista. 
Así, en compañía de Florencia Molfino, Yendi Ramos y Ana Barberena, pasamos la tarde juntos y a la caída de la noche nos dispusimos a ver el códice. Para desplegarlo tuvimos que mover unas sillas, una mesa y una lámpara de pie; con todo, la longitud de la pared más larga de mi departamento resultó ser más corta que los casi once metros que mide el códice. Durante más de una hora larga, Menache hizo un recorrido muy general exponiendo las peculiaridades del Borgia, mientras Mario fue añadiendo comentarios aquí y allá con su personalísima lectura.
Por desgracia, las fotos que tomé aquella noche son muy defectuosas. Mi cámara acababa de estropearse y tuve que recurrir a un viejo aparato cuyos méritos de otros tiempos fueron insuficientes para adecuarse a las condiciones de luz de aquellas horas. Pasadas unas semanas lo más importante para mí, sin embargo, no necesita de imágenes visibles porque aparece en mi recuerdo con la nitidez propia de la sorpresa: cuando llegamos a la lámina número 61, me vi delante de la imagen a la que alude el óleo de Eloy Tarcisio. Gracias al tino con el que a veces obra el azar, la imagen quedaba justamente a los pies del cuadro.
Unos días más tarde, Menache me mandó el párrafo que sobre esa figura ofrece su tocayo Eduard Seler, quien, a pesar de los más de noventa años que han transcurrido desde su muerte, quizás sigue siendo la máxima autoridad en el tema. En su correo, mi amigo adjuntaba las imágenes con las que la imagen está relacionada, que pertenecen a otros códices y que reproduzco en los lugares que les corresponden.

A ver, mi tremendísimo Fer; te transcribo a continuación lo que dice Seler específicamente sobre esa imagen de la pareja de la lámina 61:
“Finalmente, vemos representada en los códices Borgia y Vaticano [se refiere al Vaticano B] —como al lado del primer signo de los días— a la primera pareja humana.  
También aquí está dibujada en sentido transversal con respecto a la dirección principal de la lámina, lo que indica que está acostada; pero ambas figuras están desnudas y no hay manta que las cubra. En la imagen del Códice Vaticano se ve claramente que el hombre atrae hacia él a la mujer.
En nuestro manuscrito las figuras están unidas por un ‘río’ de sangre que pasa de la boca del hombre a la de la mujer, símbolo expresivo de la mezcla de la sangre, de la confluencia de las energías vitales”. (Seler, Eduard, Comentarios al Códice Borgia, Vol. II, p. 176) 
Antes de este párrafo Seler ha estado describiendo a Tonacatecuhtli como regente de la primera de las veinte trecenas del Tonalámatl y marca la similitud de la representación de la lámina 61 con la lámina 9 del Borgia, donde igualmente aparece Tonacatecuhtli como regente del primer día (ce cipactli) de la veintena y donde figura también la primera pareja humana, pero cubierta por una manta y con una sugerente sonaja en medio. 
Te pongo en anexo esa imagen de la lámina 9 del Borgia como referencia, así como las correspondientes del Códice Vaticano B y otra del Códice Borbónico, donde aparece también esa primera pareja humana púdicamente tapadita y sin río de sangre en la boca.
Échale ojo a tu Códice Vaticano A: en la primera sección del Tonalámatl aparece también la susodicha pareja, pero ahí separada por un cuchillo de pedernal.

Como se ve, Eloy Tarcisio tenía razón. Sin saberlo, durante los últimos veinte años he convivido con una alusión al precioso detalle de la lámina 61 del Borgia, en la que una pareja, nada menos que la primera pareja", está unida “por un ‘río’ de sangre que pasa de la boca del hombre a la de la mujer, símbolo expresivo de la confluencia de las energías vitales”.
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La foto del joven Eloy Tarcisio que acompaña esta nota fue tomada a mediados de los años noventa por Manuel Alonso Zavala, a quien le agradezco que me permita reproducirla; es la misma que apareció en el número de Viceversa al que se refiere este post. El retrato de Eduardo Menache es de Mario González Suárez y lo hizo cuando nuestro amigo común entró a formar parte del cuerpo docente de la EME, la Escuela Mexicana de Escritores, donde imparte la materia de Mitología Prehispánica. El retrato de Mario es mío.

Sobre Eduardo Menache escribiré próximamente, cuando refiera la última visita que hice a las tierras de María Sabina, a donde fui invitado por él. Sobre las actividades de Mario González Suárez me he ocupado en un par de ocasiones en Siglo en la brisa:
Como fotógrafo, http://bit.ly/111Qa30
Como lector de Bernal Díaz del Castillo, http://bit.ly/ZrnN7P

Más sobre códices en este blog:
El Códice Laud, http://bit.ly/13dmUao

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