domingo, 26 de junio de 2011

Presentación de Palinodia del rojo

El pasado 15 de junio se llevó a cabo la presentación de Palinodia del rojo, mi nuevo libro de poemas. Me pareció que la mejor manera de hacerlo era con una intervención pública nada solemne, sin intermediarios ni discursos, refiriéndome yo mismo al libro. Este post reúne algunas imágenes y videos tomados esa tarde por mi hermano José María, a quien doy cumplidamente las gracias. Quiero también agradecer a los amigos, familiares, alumnos y compañeros que estuvieron conmigo aquel día.
Por parecerme lo más conveniente, empecé la charla situando los nuevos poemas en el contexto de mis libros anteriores, por lo que leí un texto de cada uno de ellos: “Cuenta la extraña transformación de su gata Isolda” de El ciclismo y los clásicos (Cuadernos de Malinalco, 1990) y “Vida de Lysi en Flérida” de Ora la pluma (El Tucán de Virginia, 1999). El primero de esos trabajos fue escrito bajo la grave sospecha de que Isolda, la hermosa persa que me acompañó durante los años universitarios, había sido conejo antes que gato. Ésta es la lectura del poema:

 


El relato de cómo y por qué elegí Palinodia del rojo como título del libro me condujo de Platón, en cuyas páginas leí por vez primera la palabra “palinodia”, a Alfonso Reyes, el risueño abuelo de la literatura mexicana, autor de la famosa Palinodia del polvo
Lo curioso del asunto es que ya antes había tomado un préstamo del mismo diálogo platónico, que no es otro que Fedro o del amor, y que hacia 1989 acabó siendo el tema de una página de mi primera colección de poemas. Sócrates dice que el alma se parece a un cochero y un tronco de dos caballos, uno noble y el otro innoble, uno que desea ascender hacia la bóveda de las esencias y el otro que hace todo lo posible por jalar al cochero hacia el abismo. Éste es el resultado:

Juega burlonamente con la metáfora platónica
Malicias del equino,
                                   señora,
son estas de tender al precipicio.
Si trato de explicarle las esencias,
las cosas que se miran de la bóveda
es lo mismo,
                     no hace caso,
se la pasa mofándose de mí,
del plan de la carrera en ascendente,
y hace fuchi con los belfos.

Sólo piensa en su pienso,
mirando aquellos tiempos idos
de su vida,
                   imagínese, señora,
metido entre las sombras de un establo.


(El ciclismo y los clásicos, 1990, pág. 32)

Cuando todavía unos años antes, en algún momento a partir de 1984, leí por vez primera aquel diálogo, me llamó la atención (y subrayé) la extraña y bella palabra: “palinodia”. 
Sócrates conversa sobre el amor con Fedro, a la orilla del Iliso, bajo la sombra de un espléndido plátano (que, si la traducción es correcta y el mundo no ha cambiado demasiado en veinticinco siglos, podría ser algo parecido a Acer seudoplatanus. Hago la aclaración porque lejos de Europa, o al menos en México, el nombre común de ese árbol remite de inmediato a Musa ensete, o cuando mucho a Platanus mexicana). 
La discusión gira en torno a si debe escogerse a un amante frío o a uno apasionado. El maestro, que primero se inclina por la primera opción, defendida por el propio Fedro de acuerdo con un amigo de ambos —autor original de la argumentación—, da un giro de ciento ochenta grados y procede a defender la segunda. Para ello, dice, va a ensayar una palinodia, es decir una retractación como la que cantó el poeta Estesícoro para congraciarse con los dioses, que lo habían cegado por hablar mal de Helena de Troya.
Con todo, sin el impulso de Alfonso Reyes, cuya palinodia fue escrita en parte para desdecirse de su Visión de Anáhuac, quizás yo no hubiera tenido la idea de bautizar así el cambio de opinión, acepto que infinitamente más mundano, del personaje de mi libro, quien al revés de lo que primero había expresado tiene que confesar que la muchacha a la que ha conocido en una oficina, y con la que sostiene una relación amorosa secreta, se ve mucho más hermosa de negro que de rojo. Me resultó muy grato que mi palinodia mantuviera las vocales de la harto más filosófica pero felizmente reyesiana del “polvo”. Éste es el poema, tal como lo leí en la presentación de libro:


Quizás uno de los poemas de la colección que más me gusta leer en público sea “Milagro en el supermercado”. Este poema es uno de los apenas cuatro que vieron la luz antes de formar parte del libro: apareció originalmente en 2007 en la revista Este País y luego fue recogido en el Anuario de la poesía mexicana de ese año, editado por el Fondo de Cultura Económica. No añado mucho más para no ser repetitivo. Con todo, no me resisto a decir que describe el encuentro, presentido milagrosamente desde el primer verso, con una muchacha evasiva en el momento más inesperado y para ella quizás el menos oportuno. Ésta es la lectura que hice del poema la tarde del 15 de junio:


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Más sobre mi libro en la red:
Palinodia del rojo, http://bit.ly/gK042J
Una “Palinodia del rojo” anónima, en http://bit.ly/f7YVZ1
Lectura del poema “Paloma y no”,  http://bit.ly/lKlTwP
“Milagro en el supermercado”, http://bit.ly/99948L

La segunda edición de El ciclismo y los clásicos está a punto de aparecer en la colección Parentalia, http://parentalia-ediciones.tumblr.com/

Editorial Aldus en la red, http://www.editorialaldus.com/

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