viernes, 6 de noviembre de 2015

Duelo, de Francisco Toledo

La exposición del genial Francisco Toledo que puede verse estos días en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México simplemente no tiene desperdicio. Duelo, como se llama, reúne un centenar de piezas de cerámica presentadas con perfecto sentido del orden espacial, de acuerdo a sus valores semánticos, formales o cromáticos, por cierto sin innecesarias fichas informativas, en un solo ámbito que se recorre con naturalidad, según quiere el espíritu moderno del edificio de Chapultepec.
No es éste el lugar ni soy yo la persona ideal para exponer las razones de su aportación al arte y a la discusión social y política mexicana, lo que sin duda harán mis colegas y amigos críticos. Me limito a mencionar las intensas emociones que produjo en mí la demorada visita que hice la mañana de ayer. Duelo es una fiesta de belleza, aun oscura y de cuando en cuando terrible, pero es también una muestra del portentoso sentido estético y extraordinario buen gusto de este artista que, siempre interesado en enriquecer sus registros y en moverse entre técnicas y procedimientos diversos, desarrolló este mismo año en un taller de San Agustín Etla, Oaxaca, una admirable serie de cerámicas, por cierto sin dibujos preliminares, algunas de las cuales contagian una emoción de suspender el aliento.
La exposición es un “tributo a las víctimas de la violencia, la tortura y la injusticia”, como explica la directora del museo, la crítica de arte Sylvia Navarrete. Ella misma dice que “el tema de la muerte evoca, en un registro trágico, nuestra realidad contemporánea, pero su escenificación reviste calidad de ritual, como si el fuego mismo de la horneada conllevara un efecto de purificación”. Y añade este párrafo, que me permito copiar completo: “El barro recobra su capacidad para ‘encarnar’ la anatomía y las emociones: convocan la noción de dolor los rostros defenestrados, calaveras, urnas, mecates y mordazas; en un proceso de metamorfosis frenética, el bestiario de perros, gusanos, murciélagos, cangrejos y pulpos se acopla con el reino vegetal y el género humano, en una ronda macabra donde resuenan ecos de las mitologías medievales, prehispánicas e indígenas”.
Después de recorrer la exposición, hice unas cuantas fotos. No valen mucho como imágenes: bien saben quienes me leen que no soy más que un fotógrafo aficionado. Además, como no sospechaba que me interesaría hacer fotos, no llevaba más que la cámara de mi teléfono celular. Publico aquí unas cuantas, sin mayor objetivo que el de invitar a vivir la experiencia de una exposición que, sin el mínimo riesgo a equivocarme, me apresuro a llamar inolvidable.






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2 comentarios:

  1. Estimado Fernando,
    Aprovecho el espacio de su blog para hacerle llegar mi reconocimiento por su programa radiofónico "A pie de página" que sigo desde que lo conocí originalmente con el nombre "La feria carrusel de libros".
    Le deseo muchos programas más para el gusto de sus radioescuchas y la promoción de la lectura en México.
    Desde París, Francia
    Luis

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  2. Le agradezco muchísimo su comentario, estimado Luis, y más viniendo de tan lejos. Un fuerte abrazo.

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