viernes, 19 de septiembre de 2014

La muñeca rusa


Con sorpresa, sobre todo porque Palinodia del rojo se publicó hace ya casi cuatro años, descubrí en días recientes una nueva nota sobre mi último libro de poemas (el link, al calce). Firmada por Alfonso Domínguez, miembro de la mesa de reseñistas del Periódico de Poesía que edita la Universidad Nacional Autónoma de México, la pequeña reseña cita un par de poemas en los que nadie había reparado hasta ahora. Uno de ellos, llamado “La muñeca rusa”, está escrito en seis estrofas de versos octosilábicos, rimados de manera asonante en los pares. La idea de este post es publicar el poema completo, que nunca ha aparecido en otro lugar que no sea el libro de tapas rojas publicado por Aldus a finales de 2010. Escribí “La muñeca rusa” mientras vivía en Oviedo; por eso está lleno de referencias a aquel rincón del norte de España: la Calle Mon y el monumento al padre Feijoo, la Fuente de las Ranas del Campo San Francisco, los vallaurones. Lo reproduzco aquí para que lo conozcan quienes se asoman a esta página. 

La muñeca rusa
Por FF
Si nos vemos cualquier tarde,
fruto el azar en sazón,
si en el casco viejo a prisa
donde se abisma Feijoo,
si en la Calle Mon despacio
o el autobús de Gijón,
¡si nos vemos no me digas
ni con los ojos que no!

Mira, niña, que no eres
quien desprecia mi afición:
no es sino cambio este mundo,
y en ello no hay variación,
y ocasión para mudanza
sin que importe la ocasión,
¡en que es fortuito quién eres
y es azaroso quién yo!

Y es que en otras circunstancias
y en otra disposición,
bajo el pasar de esas nubes
y al tictac de este reloj,
que es lo propio de unas y otro
cambiar sin más la opinión,
¡tú serías mi enamorada
y acaso yo tanto no!

Y una fecha de verano,
en cuanto decline el sol,
en el Campo San Francisco
se nos vería a los dos,
y a la huidiza luz del cielo,
ámbar de luna o farol,
¡bajo un castaño de Indias
o una secuoya o un boj!

En la Fuente de las Ranas,
al agua oído avizor,
y no por las ranas mismas
mas por sacarles lección,
que su fluir solicites
porque argumentes mejor,
¡me pedirías, lloricosa,
que no te dejara hoy!

Algo el paso apretaremos
no nos pille un vallaurón,*
Diana torne avieso el parque
u otra cosa quiera Orión;
te diré, aunque no me escuches,
que de esta forma no es peor,
y una niña eres apenas
y que ya sabrás de amor,
¡sin que logre algún consuelo
mi discurrir tornasol!                                        

Vallaurones es el nombre que a partir de la década de 1950 dieron los vecinos de Oviedo, la capital del Principado de Asturias, a los miembros del Cuerpo de Guardias del Campo de San Francisco en alusión al concejal delegado de parques y jardines, apellidado Vallaure, que lo creó. Vestían de una forma más bien ridícula, al parecer copiada a la Policía Montada del Canadá, y entre otras cosas tenían a su cargo velar por la moralidad de lo que ocurría en el parque.

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La reseña más reciente de Palinodia del rojo, firmada por Alfonso Domínguez, puede leerse en http://t.co/kMgLIjJYAI

La imagen de las matrioshkas procede de la red. Las fotos del letrero que está colocado en un extremo del Campo de San Francisco de Oviedo, y en que se explica a los vecinos de la capital asturiana quiénes fueron los vallaurones, de lo que se reproduce una vieja imagen, las tomé yo mismo el 30 de septiembre de 2004.

Más sobre Palinodia del rojo en este blog:
La edición, http://bit.ly/1bLNQ65
Presentación, http://bit.ly/HAijY6
Lectura del poema “Paloma y no”, http://bit.ly/lKlTwP
“Milagro en la playa”, http://bit.ly/W7y222
A tres años de su publicación, http://bit.ly/1pYw2Mo



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