domingo, 15 de mayo de 2011

Nikon Coolpix 4200

En junio de 2004, cuando pasé unos días en la casa de mi hermana Covadonga en San Diego, California, compré la cámara Nikon Coolpix 4200 que ha estado a mi lado hasta el día de hoy. Resultó de una calidad mucho mayor a la que prometían su precio, su tamaño y su vocación aparentemente sobre todo práctica. De entonces a la fecha ha sido una compañera fiel, certera, de cuando en cuando sorprendente. 
Si no fuera porque la tapa del receptáculo donde encaja la batería lleva unos dos años amenazando con romperse, tal como le sucedió a mi hermano con una cámara idéntica, podría decir que se ha conservado en perfectas condiciones. 
Aunque ya he expresado mi postura general respecto a la fotografía de paisaje (véanse el enlace al final de este artículo), nada como una de las infinitas vistas que ofrece Asturias, por ejemplo la que tomé en abril del año pasado desde el Mirador del Fito, en la Sierra del Sueve, para confirmar las virtudes de una máquina fotográfica.
Hace un mes, en la playa, el dedo embadurnado de protector solar de alguien dejó sin querer una huella alarmante en su lente. Como no me di cuenta, al menos en un par de ocasiones hice fotos con ella en ese estado: una comida en mi casa y la serie de muestras botánicas que conformaron la entrega de Siglo en la brisa de la semana anterior. 
Por un error imperdonable, en el caso de la comida además dejé el ASA 400 que había probado la víspera, y que acabó de echar a perder las fotos… Por su lado, las muestras botánicas, tal cual pudo darse cuenta quien las vio con mínimo detenimiento, aparecieron como nimbadas y fuera de foco. El amigo que me dijo cómo solucionar el problema opina que quizás sea hora de comprar algo “más contundente”, así dijo, y me parece que tiene razón. 
Sin embargo, una vez aceptada la posibilidad de sustituirla, en cuanto pensé en ella por primera vez en retrospectiva, tal como sucede al hombre sano que repentinamente se ve sorprendido por la muerte y un segundo antes de morir contempla las imágenes de su vida, pasaron por mi cabeza las fotos que más me gustan de las muchas que he hecho a lo largo de siete años de llevar la cámara a todas partes. Una selección un tanto azarosa de ellas es el motivo de la entrega de esta semana.

Fernanda. Ciudad de México, 19 de julio de 2004


Felipe el de Servanda. Asiego de Cabrales, Asturias, abril de 2005


La gata Thiers. Oacalco, Morelos, 17 de marzo de 2010


Río de la Plata número 8. Ciudad de México, 2 de octubre de 2010


Juan Almela. Chapultepec, Ciudad de México, 23 de enero de 2011


Lola. A Coruña, Galicia, 9 de agosto de 2005


Florentino. Puertas de Cabrales, Asturias, 26 de septiembre de 2004


Potos flavus. Soyaniquilpan, Estado de México, 26 de mayo de 2007


Fernando. Pátzcuaro, Michoacán, 17 de julio de 2004


Puente de Sant’Angelo. Roma, noviembre de 2004


Ahijadas. Ixtapa, Guerrero, sin fecha


Guillermina. Asiego de Cabrales, Asturias, fines de abril de 2010


Autorretrato. San Lorenzo del Escorial, Madrid, 30 de abril de 2010

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La foto que abre este post: Covita, Ciudad de México, 21 de julio de 2004



Más sobre fotografía en este blog:
Contra la fotografía de paisaje, http://bit.ly/hGvNEG
JL Fernández Tolhurst, fotógrafo, http://bit.ly/it088y
Mario González Suárez, fotógrafo, http://bit.ly/mkAC7K


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